Los efectos colaterales de la sexualización que lastran a las mujeres

Tras décadas de legislación, directrices, campañas y cuotas en favor de la igualdad, sigue existiendo la brecha de género en el trabajo.

Laura Guillén

Además de que solo ocupan el 31% de los puestos directivos a nivel mundial, las mujeres reciben menos llamadas para realizar entrevistas de trabajo, sus sueldos son más bajos, tienen evaluaciones profesionales más negativas y son objeto de decisiones de personal sesgadas y de comportamientos discriminatorios en el lugar de trabajo. 

Una investigación de Laura Guillén, profesora del Esade Master in Finance, y de los coautores Maria Kakarika (Durham University Business School) y Nathan Heflick (University of Lincoln) permite entender mejor el porqué. 

Un problema para todas

Los experimentos controlados realizados, analizados detalladamente en la revista Journal of Organizational Behavior, demostraron que no solo se percibe negativamente a las mujeres que se autosexualizan —lo que reduce sus posibilidades de que se les contrate para puestos directivos— sino también que el efecto negativo de la sexualización afecta colateralmente a otras mujeres, reduciendo sus posibilidades de ser contratadas.  

La investigación desmonta el mito de que la belleza, el atractivo sexual y la forma de vestir puede ser aprovechada por mujeres ambiciosas

Las investigadoras también descubrieron que los encargados de selección de personal muestran preferencia por los candidatos masculinos después de haber estado expuestos a la sexualización. Dicho efecto colateral de la sexualización (sexualization spillover, como lo llama el estudio), indica que todas las mujeres son vulnerables a la cosificación y que esto perjudica sus carreras

La investigación desmiente el mito de que la belleza, el atractivo sexual y la forma de vestir puede ser aprovechada por mujeres ambiciosas para progresar en un entorno dominado por hombres. En lugar de eso, confirma que las mujeres “atractivas” son vistas como menos cálidas, menos competentes y con menos aptitudes de liderazgo, incluso si están muy cualificadas y demuestran ser eficientes en las funciones que desempeñan. 

La penalización de la competencia

Las investigaciones previas realizadas sobre la sexualización y la cosificación de la mujer han demostrado que los hombres consideran a las mujeres menos competentes y no tienen en cuenta sus cualidades intelectuales cuando antes se les presenta material sexualmente explícito

Cuando las mujeres son vistas como objetos, se ignoran cualidades como la calidez, la competencia, la inteligencia y la simpatía

Sin embargo, en la investigación llevada a cabo por Guillén, Kakarika y Heflic, la sexualización era más sutil y se introducía en un contexto laboral. En lugar de utilizar solo a participantes masculinos y mostrarles imágenes manifiestamente sexualizadas, se utilizó a participantes tanto masculinos como femeninas, y se les expuso a fotografías de mujeres vestidas con una variedad de ropa de negocios “sexy” y “no sexy” que podría utilizarse en un lugar de trabajo real. 

Investigaciones previas han confirmado que cuando el cuerpo de las mujeres es el centro de atención, se las percibe como un objeto. Cuando esto ocurre, se ignoran cualidades como la calidez, la competencia, la inteligencia y la simpatía, incluso cuando sus méritos son evidentes. Es lo que se conoce como la “competence penalty” o “penalización de la competencia”. 

¿Sexualizar a una, cosificar a todas?

Muchas de las investigaciones previas se han centrado en los hombres, pero hay pruebas de que las mujeres también cosifican a otras mujeres. En el estudio realizado por Guillén, se controló la edad y el sexo de los participantes para valorar si sexualizar a una mujer de negocios en un contexto de contratación llevaba a la cosificación y a una percepción reducida de la competencia y calidez de la candidata, independientemente de cuál fuese el género de los evaluadores. 

Se llevaron a cabo tres estudios con un total de 658 participantes residentes en Estados Unidos, de los que un poco menos de la mitad eran mujeres. En el estudio piloto, se mostró a los participantes al azar una fotografía de una mujer vestida con ropa de negocios sexualizada o no sexualizada y se les pidió que calificasen su disposición a trabajar para ella. 

A continuación, se les mostraron fotografías de una mujer y un hombre no sexualizados, sin darles contexto sobre ellos, y se les pidió que valorasen en qué medida contratarían a cualquiera de los dos candidatos. El estudio piloto confirmó que la manipulación de la sexualización mediante el uso de la vestimenta tenía un impacto negativo tanto en la mujer sexualizada de la primera parte del estudio como en la mujer no sexualizada que se evaluó en la segunda parte. No hubo ningún impacto en el candidato masculino. 

En el estudio uno, los participantes intervinieron en un escenario de contratación ficticio. Se les volvió a enseñar fotografías de candidatos sexualizados o no sexualizados cuyas cualidades y valoraciones eran idénticas. A continuación, se les pidió que tomaran parte en una tarea —que supuestamente no estaba relacionada con la anterior— para evaluar la idoneidad de una candidata sin fotografía, muy cualificada, para un segundo puesto. Por último, se les pidió que evaluaran a un candidato masculino cuyo CV era similar. 

Los resultados indican que todas las mujeres son vulnerables a los efectos de la cosificación sexual y al impacto negativo que conlleva en su carrera profesional

Los resultados confirmaron que la sexualización de una mujer de negocios, además de reducir su calidez y competencia percibidas, también provoca el mismo efecto en una candidata posterior no sexualizada. Esto sucedía incluso cuando se conducía a los participantes a que se centrasen en los méritos de las candidatas y no en su apariencia. La sexualización de la candidata inicial hizo que los participantes fueran menos propensos a contratar a la siguiente candidata sin fotografía y eligiesen en su lugar a un candidato masculino equivalente con una cualificación similar. 

En el último estudio se analizó una muestra de participantes más cualificados: ejecutivos/as internacionales de alto nivel de una escuela europea de negocios. Los escenarios eran parecidos a los del primer estudio, pero la mujer de negocios sexualizada ficticia se sustituyó por una ejecutiva de éxito del mundo real. El estudio confirmó, una vez más, que la sexualización reduce la percepción de mujeres sexualizadas y no sexualizadas como cálidas y competentes, y redujo la probabilidad de que estas últimas fueran contratadas. 

Implicaciones preocupantes

Los resultados indican que todas las mujeres son vulnerables a los efectos de la cosificación sexual y al impacto negativo que conlleva en su carrera profesional. Sexualizar a las mujeres hace que no se perciban sus cualidades de gestión y liderazgo, incluso cuando demuestran tener un gran nivel de competencias y méritos. 

Los investigadores instan a los profesionales de RRHH a gestionar de forma activa las consecuencias de la sexualización en el trabajo haciendo que los responsables de la toma de decisiones sean más conscientes de ella y ofreciendo formación sobre las consecuencias de las actitudes sexistas. 

Y advierten de que, si no se actúa, no solo se perjudicará la carrera profesional de las mujeres, sino que cosificarlas o deshumanizarlas puede contribuir a legitimar las agresiones. La conclusión de los investigadores es que las empresas deben desempeñar un papel fundamental para garantizar que todas las mujeres sean tratadas de forma justa y respetuosa. 

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