¿Hasta dónde conviene usar tecnología en el aula?

Las escuelas enfrentan un dilema: cómo usar la tecnología de modo que mejore la enseñanza. La evidencia científica es clara en algunos aspectos —como prohibir los móviles—, pero mixta en otros, como las tabletas y la IA.

Equipo Do Better

Una estudiante se sienta en su pupitre, lista para abrir el libro de texto o encender su tableta. ¿Qué opción conduce a un mejor aprendizaje? El libro de texto tradicional aporta orden y garantiza que todos los alumnos siguen el mismo recorrido formativo. En cambio, una app en la tableta ofrece una opción más personalizada e interactiva. Parece una decisión sencilla, pero refleja un dilema más profundo al que se enfrentan las escuelas hoy en día: ¿cómo se debe utilizar la tecnología en las aulas para que realmente mejore el aprendizaje, especialmente en la educación secundaria y primaria? 

Un debate confuso: no todas las tecnologías son iguales

Hasta ahora, el debate sobre la tecnología en las escuelas se ha simplificado en exceso: pantallas sí o pantallas no. Pero no es tan sencillo. Lucas Gortázar, director asociado de investigación de Esade EcPol, sostiene en El País que el debate mezcla demasiados factores diferentes —grupos de edad, dispositivos y fines educativos— en una discusión confusa. 

“Tenemos que desmontar la pregunta y poner un poco de orden”, afirma Gortázar. “El debate sobre ‘pantallas dentro’ o ‘pantallas fuera’ no mejora realmente la educación”. 

No se trata de demonizar la tecnología, sino evitar su adopción acrítica y comprender su impacto real

Los teléfonos inteligentes, las tabletas y la inteligencia artificial son herramientas diferentes con diferentes ventajas e inconvenientes. Su efecto en el aprendizaje depende de cómo se utilicen, quién las utilice y con qué fin. Algunas tecnologías son obviamente útiles, mientras que otras son perjudiciales. E incluso, en muchos casos, las evidencias son contradictorias.  

¿Móviles en las escuelas? La ciencia dice que no

Un área en la que la investigación es más clara es la de los teléfonos móviles. Estudios realizados en varios países muestran que la prohibición de smartphones en las escuelas puede conducir a mejoras cuantificables tanto en el rendimiento académico como en el bienestar de los estudiantes. 

En Noruega, una prohibición nacional introducida en 2016 permitió a los investigadores hacer un seguimiento de las consecuencias en más de 1000 escuelas. Los resultados fueron rotundos: las visitas al psicólogo se redujeron en un 60 % y los tratamientos de salud mental disminuyeron casi un 30 % entre las niñas. También en el caso de las niñas, disminuyeron los incidentes de acoso escolar y mejoraron las calificaciones en matemáticas, al igual que la probabilidad de continuar la educación secundaria superior. Las niñas de entornos socioeconómicos más desfavorecidos fueron las que más se beneficiaron. Cuanto más estricta era la aplicación de la norma (como requisar los teléfonos en la entrada de la escuela, en lugar de simplemente silenciarlos), más contundentes eran los resultados. 

En Inglaterra, la prohibición de móviles en 91 escuelas de cuatro ciudades dio lugar a una mejora en los resultados académicos, especialmente entre los alumnos con dificultades. Por otro lado, un estudio español realizado en Galicia y Castilla-La Mancha reveló que, cuando se prohibían los teléfonos, las calificaciones mejoraban y el acoso escolar se reducía entre un 10 % y un 20 %. 

“Cuanto más estricta es la aplicación, mejores son los resultados”, escribe Gortázar en apoyo de las prohibiciones de móviles en escuelas secundarias. 

Tabletas y libros de texto: una cara combinación

Si los alumnos utilizan tabletas, ¿necesitan siquiera libros de texto? Muchas familias se lo preguntan. Los libros de texto, que algunos considerarían una tecnología obsoleta, suponen un gasto elevado para los padres cada año. Las familias españolas compraron casi 40 millones de ejemplares en 2023, con un gasto medio de 161 euros por niño en las escuelas públicas y de 306 euros en las privadas. Las asociaciones de padres sostienen que la cifra real se acerca más a los 500 euros, incluyendo el coste de las tabletas y otros materiales digitales. 

¿Tiene sentido un gasto tan elevado? Muchos manuales no llegan a utilizarse enteros durante el curso escolar, y la combinación de tabletas y libros de texto suele duplicar costes en lugar de sustituir uno por otro. 

En un lado del debate, el exministro de Educación portugués Nuno Crato publicó recientemente Apología del libro de texto (Narcea), en la que destaca su valor como referencia estructurada, guía de estudio y apoyo para los profesores. Al mismo tiempo, Suecia ha detenido su programa de digitalización tras observar un fuerte descenso en los niveles de lectura y escritura de los estudiantes desde 2016. 

Especialmente en la educación primaria, la digitalización excesiva conlleva riesgos

La forma en que se utiliza la tecnología es clave para mejorar la educación de los estudiantes. En España, territorios como el País Vasco, Cataluña y Navarra —zonas con el mayor uso diario de tecnología en las aulas—, han experimentado los descensos más pronunciados en el rendimiento académico durante la última década. Al ser algunas de las autonomías más ricas de España, con lenguas cooficiales y sistemas educativos sólidos, los estudiantes deberían obtener puntuaciones superiores a la media en las pruebas PISA. Sin embargo, su rendimiento actual (en el caso de País Vasco y Cataluña) está por debajo de la media nacional. Aunque este descenso no puede atribuirse únicamente a la tecnología, parece evidente que no ha sido capaz de garantizar un aprendizaje más sólido para el alumnado. 

Gortázar valora los libros de texto como garantía. “Si adoptamos el modelo tecnológico, habría menos regulación y más incertidumbre”, argumenta. “Especialmente en la educación primaria, la digitalización excesiva conlleva riesgos”. 

El potencial y los inconvenientes de la IA en la educación

Podría decirse que la IA es la tecnología más disruptiva que está apareciendo ahora en las aulas. En torno a ella, los diferentes países ya están trazando diversas estrategias. Por ejemplo, China ha publicado directrices para promover la educación en IA desde la escuela primaria, en un intento por crear una sólida cantera nacional de talentos tecnológicos. 

Liliana Arroyo, profesora en Esade, ve motivos para el optimismo. “La IA puede ayudarnos a personalizar el aprendizaje... pero el éxito dependerá de cómo la utilicemos”, afirma en declaraciones a El País. La IA ofrece a los profesores nuevas herramientas para adaptar las clases a las diferentes necesidades de los alumnos. Khanmigo, la herramienta de IA de Khan Academy, se está probando en escuelas de todo Estados Unidos, donde los primeros informes destacan una mayor participación de los alumnos, mejores resultados en los exámenes y una reducción del tiempo empleado en tareas administrativas por los profesores. 

Toni Roldán, director de Esade EcPol, también destaca las posibilidades. En un estudio del Banco Mundial realizado en Nigeria, la tutoría asistida por IA permitió que los alumnos aprendieras lo equivalente a dos años de formación en tan solo seis semanas. Si se utiliza con prudencia, la IA puede ayudar a democratizar el acceso a una tutoría de alta calidad, predecir futuros abandonos escolares y liberar tiempo a los profesores para que puedan dedicarlo a los alumnos que más lo necesitan. Como señala Roldan, “la IA podría cambiar las reglas del juego si se utiliza para apoyar a los profesores, no para sustituirlos”. 

Sin embargo, existe el riesgo de depender en exceso de la IA. Comete errores y tiene sesgos. Si no evaluamos conscientemente sus resultados, acabaremos adoptando esas mismas falsedades y sesgos. 

Las personas con mejores habilidades se benefician mucho más de la IA

Pasar demasiado tiempo frente a la pantalla también puede perjudicar el aprendizaje, ya que el estudiante se vuelve demasiado pasivo. Las habilidades de escritura pueden disminuir si los estudiantes dependen demasiado de las herramientas de IA. Y, como advierte el profesor de Esade David Murillo en El Punt Avui, los sistemas generativos pueden crear una falsa confianza, reforzar la desigualdad y socavar la confianza en la educación. Los estudiantes más aventajados pueden beneficiarse del trabajo con la IA, pero los más rezagados corren el riesgo de quedarse aún más atrás al permitir que la IA produzca la mayor parte de su trabajo por ellos. 

La Fundación Gates también se hace eco de estas preocupaciones: la IA tiene el potencial de reducir las brechas de aprendizaje, pero si se utiliza de forma descuidada, podría amplificarlas con la misma facilidad. Como muestra una investigación de Esade, las personas con mejores habilidades se benefician mucho más de esta tecnología. 

Más allá del hype: ¿Qué les depara el futuro a las escuelas?

Los estudios conducen a algunas conclusiones claras: prohibir los móviles en las escuelas utilizar la tecnología solo cuando aporte un valor real y mantener a los profesores en el centro del proceso de aprendizaje. 

“El objetivo no es demonizar la tecnología en la educación, sino evitar su adopción acrítica y comprender mejor su impacto real”, afirma Gortázar. 

Para la alumna que está sentada en su pupitre, a la espera de si tiene que abrir la tableta o un libro de texto, el dispositivo en sí no es el factor determinante. Lo que importa es si fomenta un aprendizaje reflexivo y dirigido por el profesor, animándola a analizar y tomar decisiones en lugar de limitarse a consumir información. 

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