Los alumnos de las escuelas de negocio demandan un management humanista

El estudiantado está impulsando la nueva agenda educativa. La transformación no pasa solo por los contenidos, sino por alinear el modelo pedagógico y los estilos de gestión de las escuelas con los valores que promueven.

La crisis climática, la creciente desigualdad social, la polarización y la irrupción de la inteligencia artificial son algunos de los retos a los que nos enfrentamos como sociedad. Los diferentes grupos de interés (empleados, clientes, inversores, etc.) esperan de las organizaciones empresariales no solo que cumplan con su misión, sino que contribuyan también a aportar soluciones a estos grandes retos. Si hace unas décadas lo que se esperaba de los profesionales de la gestión o del management era básicamente una gestión eficiente de los recursos para optimizar los resultados económicos, en la actualidad se espera que, además de esa preocupación por la eficiencia, gestionen sus organizaciones contribuyendo a la regeneración del planeta y la construcción de sociedades más humanas, justas e inclusivas.  

¿Están las escuelas de negocios preparando a los futuros profesionales del management con las habilidades, competencias y conocimientos necesarios para que puedan contribuir a través de su profesión a aportar soluciones a estos retos? 

Una revisión de los programas de las principales escuelas negocios nos muestra que durante las últimas décadas han proliferado las asignaturas sobre ética empresarial, sostenibilidad, negocios inclusivos, etc. También es destacable la creciente relevancia del liderazgo basado en valores (Value-Based Leadership). Como respuesta a la crisis ética y de liderazgo empresarial de los años 90 surgió con fuerza la propuesta de un estilo de liderazgo y gestión alternativo que apuesta por un liderazgo ético, auténtico e inspirador, donde los valores personales y colectivos son el motor de las decisiones y acciones. Es significativo también que un estudio reciente del Foro Económico Mundial subraye que los sistemas educativos deben responder a nuevas necesidades, destacando que los empleadores valoran cada vez más las habilidades interpersonales y socioemocionales, así como las actitudes y valores de los profesionales. 

El alumnado impulsa la agenda educativa

En línea con este tipo de asignaturas y de modelos de liderazgo alternativos, el alumnado exige una formación más alineada con valores como la sostenibilidad, la equidad o la justicia social, y reclama que las escuelas de negocio adopten un papel más activo en la construcción de un futuro ético y regenerativo. En enero de 2025, el Financial Times publicaba un artículo titulado “Students are driving the agenda” y compartía varias iniciativas estudiantiles como indicadores de la presión por transformar la educación en management para integrar de forma más plena prácticas empresariales responsables y afrontar los desafíos urgentes de la humanidad. Lejos de tratarse de un simple complemento curricular, estos movimientos reflejan una demanda creciente de coherencia entre lo que se enseña en el aula y lo que se practica en las instituciones.  

Una mayor coherencia entre lo que se enseña en el aula y lo que se practica implica que estos principios estén integrados en los modelos pedagógico y de liderazgo y gestión de las escuelas. No podemos enseñar liderazgo, y sobre todo un liderazgo ético y responsable, sin considerar el modelo pedagógico y los estilos de liderazgo y de gestión propios de las escuelas.  

El modelo pedagógico es la espina dorsal de la visión educativa, mientras que el estilo de liderazgo y gestión es la puesta en práctica de esos principios.  

El modelo pedagógico, clave en la formación de líderes responsables

Un modelo pedagógico es un marco teórico y práctico que orienta el proceso de enseñanza y aprendizaje. Es como el “mapa” que guía la manera de enseñar y aprender. Establece qué se enseña, cómo se enseña, qué rol tiene el profesor, qué rol tiene el alumno, cómo se evalúa y qué valores se priorizan.  

Por ejemplo, en Esade, nuestro modelo pedagógico es el modelo de las 4Cs. Se trata de un modelo que propone una formación integral de la persona basada en cuatro competencias fundamentales que buscan desarrollar la “excelencia humana”: consciencia, compasión, competencia y compromiso. Ser conscientes implica conocerse a uno mismo y comprender la realidad del mundo; ser compasivos conlleva empatía y solidaridad hacia los demás; ser competentes supone estar preparados para afrontar desafíos profesionales, sociales y humanos; y estar comprometidos significa actuar a favor de la transformación social y política hacia una sociedad más justa y sostenible. Este enfoque busca una educación que integre lo intelectual, lo ético y lo emocional, formando personas capaces de contribuir activamente al bien común.  

El enfoque pedagógico de Esade pone en el centro una educación transformadora, profundamente inspirada en el paradigma ignaciano, que articula un proceso de experiencia, reflexión y acción. El modelo busca generar un entorno de aprendizaje experiencial basado en retos reales que invite al alumnado a cuestionar el statu quo, desarrollar una mentalidad flexible y abrirse al cambio. A través de la reflexión sobre los propios valores y supuestos, se fomenta una participación activa en la consecución de objetivos comunes y en la creación de valor compartido. Este modelo no solo forma en competencias, sino que impulsa una transformación personal al servicio del bien común. 

La visión del alumnado sobre el liderazgo basado en valores

El curso de Liderazgo Basado en Valores es una asignatura optativa impartida en los distintos grados de la Business School de Esade. Se fundamenta en la metodología de Aprendizaje y Servicio (ApS), que integra la formación académica con la implicación activa en proyectos sociales. Tras unas sesiones iniciales dedicadas a explorar los fundamentos del liderazgo y a analizar diversos modelos —entre ellos, el modelo de las 4Cs—, el alumnado colabora con organizaciones del tercer sector en iniciativas reales que ofrecen un servicio significativo en, con y para la comunidad. A través de esta experiencia transformadora, el estudiantado desarrolla competencias profesionales clave mientras cultiva una mirada empática y comprometida ante situaciones de vulnerabilidad social, con el objetivo de contribuir al bien común y a la construcción de una sociedad más justa. 

Esta vivencia de servicio se articula con un proceso de autoconocimiento y toma de conciencia personal, que permite al alumnado profundizar en su propio estilo de liderazgo, identificar fortalezas y áreas de mejora, clarificar sus valores y discernir qué desean integrar en sus trayectorias profesionales y vitales. El curso culmina con un ejercicio estructurado de reflexión crítica sobre la experiencia vivida, que promueve una conexión significativa entre la acción, el aprendizaje y el compromiso personal. 

Es muy significativo que el 95 % de los alumnos expresaron que el curso había cambiado su idea sobre el liderazgo y la gestión empresarial, hasta entonces basados en la obtención de resultados a partir de la gestión de procesos y equipos de forma eficiente. Algunos alumnos resumen su experiencia así: 

«Desde un punto de vista académico, esta experiencia confirmó y complicó lo que había aprendido hasta ahora sobre gestión. Siempre la había visto como un sistema para organizar personas y procesos, especialmente en el contexto de la IA, donde todo gira en torno a la optimización y la predicción. Pero lo que vi en el curso fue algo diferente: la gestión como una forma de inclusión, cuidado y sostenibilidad. No se trata de complementos, sino de elementos fundamentales para resolver los complejos problemas a los que nos enfrentamos hoy en día. Y a menudo están ausentes en nuestra educación empresarial tradicional». (Estudiante 1) 

«A lo largo de este curso, ¡he descubierto una nueva forma de ver el liderazgo! Por un lado, en lo que respecta a los aspectos teóricos, solía pensar en él en términos de obtener resultados, ser eficiente y gestionar el rendimiento para conseguir los mejores resultados posibles. Sin embargo, este curso me ha enseñado a ver el liderazgo como algo mucho más humano, centrado en la conciencia de uno mismo, la responsabilidad social y el servicio genuino a los demás». (Estudiante 2) 

«Esta fue la primera vez que me pidieron que viviera una experiencia de liderazgo a través del servicio, lo que me aportó una nueva perspectiva concreta, emocional y personal. Profesionalmente, este curso completó o incluso redefinió mi visión del liderazgo en las finanzas o en un posible proyecto de startup (el trabajo de mis sueños). Ahora veo que las finanzas y el liderazgo no tienen por qué ser deshumanizados. Al contrario, la autenticidad puede desempeñar un papel muy importante en la motivación, la lealtad y el valor a largo plazo. Antes pensaba que el liderazgo tenía que ver con la visión y la ejecución; ahora creo que tiene que ver con preocuparse profundamente». (Estudiante 3) 

Durante las sesiones introductorias del curso, el alumnado fue expuesto a diversos enfoques sobre el liderazgo, entre ellos el modelo de las 4Cs. En un panorama académico saturado de marcos teóricos sobre liderazgo, resulta especialmente significativo que un 32 % del estudiantado lo mencione explícitamente en sus reflexiones finales, valorando su utilidad como guía para el desarrollo personal y profesional. Las 4Cs no solo conectan con los contenidos del curso, sino que les aportan un marco integrador que ayuda a traducir el liderazgo basado en valores en una práctica concreta y transformadora: 

«Otro aspecto importante del curso fue la capacidad de aplicar lo aprendido en clase a un entorno real. Por ejemplo, la implementación de las 4 C: competencia, conciencia, compasión y compromiso, en el contexto de la Fundación La Vinya. Antes, estos conceptos me parecían abstractos y simplemente tenía que memorizarlos. Sin embargo, todas estas ideas cambiaron una vez que comencé mi maravillosa experiencia en La Vinya». (Estudiante 4) 

«El modelo de las 4 C me proporcionó una forma concreta de evaluar y desarrollar mi propio estilo de liderazgo». (Estudiante 5) 

«Antes no conocía las 4 C, pero ahora veo cómo aportan profundidad al concepto de liderazgo». (Estudiante 6) 

El 54 % del estudiantado considera que el modelo de liderazgo presentado en la asignatura es aplicable en entornos profesionales reales. Muchos lo perciben como un enfoque realista, siempre que las organizaciones promuevan una cultura centrada en las personas y guiada por valores. No obstante, algunos estudiantes advierten que estructuras jerárquicas rígidas o estilos de liderazgo centrados exclusivamente en resultados pueden dificultar su aplicación. Para estos, lo aprendido en la asignatura resulta especialmente útil en contextos organizativos alineados con lo social, como las entidades del tercer sector con las que han colaborado durante el curso. Aun así, incluso entre quienes muestran cierto escepticismo, existe un reconocimiento claro del valor de haber sido expuestos a un modelo ético, humano e integrador, que puede servir como referente personal y brújula ética a lo largo de su trayectoria profesional: 

«El modelo es ambicioso, pero puede funcionar si más líderes lo adoptan». (Estudiante 7) 

 «Es realista, pero solo en organizaciones que realmente valoran a las personas y los objetivos». (Estudiante 8) 

Resultados y aprendizajes 

Las principales conclusiones que extraemos de esta experiencia son:

  1. Las experiencias basadas en el servicio, cuando se integran con procesos profundos de reflexión, permiten al alumnado desarrollar una comprensión más crítica, humana y profunda del liderazgo. La mayoría del estudiantado expresa una alta valoración hacia enfoques de liderazgo más humanistas. Más allá de los contenidos concretos, lo aprendido se sitúa en un plano existencial: ¿qué tipo de persona quiero ser si ocupo una posición de liderazgo? Las respuestas, diversas y matizadas, apuntan a una visión del liderazgo no solo como un conjunto de competencias, sino como una forma de estar en el mundo.
  2. El hecho de que el servicio se haya desarrollado en el ámbito del tercer sector puede haber condicionado la percepción de su aplicabilidad al conjunto del ecosistema empresarial. Para superar esta posible limitación, resulta clave incorporar en las experiencias de aprendizaje más referentes empresariales que encarnen estilos de liderazgo humanista, ético y responsable. Su presencia ayudaría a tender puentes entre los valores explorados en estas experiencias y la realidad concreta de las organizaciones empresariales.
  3. Conectando con el planteamiento inicial del artículo y con las crecientes voces estudiantiles que exigen una mayor coherencia entre lo que se enseña y lo que se practica dentro de las propias instituciones, la pregunta que emerge es ineludible: ¿Están las escuelas de negocio preparadas para liderar la transformación que el mundo empresarial necesita, comenzando por transformar sus propios modelos de liderazgo y gestión? Alinear nuestras prácticas institucionales con una visión más humanista, sostenible e inclusiva no es solo una cuestión de legitimidad, sino de compromiso profundo con la misión de educar para el bien común. 
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