La vaca en la habitación de la COP28: Son necesarias más dietas veganas
Por primera vez, la cumbre del clima ha incluido en la agenda el impacto de los sistemas alimentarios sobre el calentamiento global. Pero todavía queda un largo camino por recorrer.
Pese a que cada vez disponemos de más datos científicos que demuestran que la agricultura es un factor crucial del cambio climático, ha seguido siendo un tema periférico en las discusiones de las COP de las Naciones Unidas hasta la COP28, celebrada este año. Por primera vez, la presidencia de la COP ha puesto sobre la mesa de negociaciones la agricultura para incluir la cuestión de los sistemas alimentarios con el fin de alcanzar el objetivo de los 1,5 ºC. Durante una jornada entera, dirigentes políticos, representantes del sector privado, organizaciones ecologistas sin ánimo de lucro, activistas y científicos se reunieron en el Pabellón Food4Climate para establecer una vía de transición hacia una producción alimentaria y unos sistemas de consumo más resilientes.
Estas conversaciones han concluido con el desarrollo de la Declaración de los Emiratos sobre agricultura sostenible, sistemas alimentarios resilientes y acción climática, que ha contado con el respaldo de 134 Estados. ¡Un gran éxito, de momento! La Declaración tiene por objetivo revisar y elaborar unas políticas agrarias nacionales que reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), gestionen el agua y los recursos, mejoren la eficiencia de la productividad, aborden las desigualdades socioeconómicas, mejoren los ecosistemas y la salud animal e incorporen las opiniones locales e indígenas, entre otros. También busca apoyar las estrategias de adaptación de los agricultores y de los negocios agrarios, para garantizar la seguridad alimentaria y, al mismo tiempo, apoyar las innovaciones con base científica en el sector.
Sin embargo, la mención a los sistemas alimentarios se eliminó en la última versión del Inventario Global, un texto que definirá los resultados finales de la COP28. Dicho texto acompaña el Acuerdo de París de 2015 pero, a diferencia de este último, no es políticamente vinculante. Los críticos han subrayado su carácter no vinculante, así como el hecho de que no incluye referencia alguna al papel de los combustibles fósiles en el sector agrícola. “Es una flagrante omisión”, tuiteó Clement Metivier, experto climático del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) del Reino Unido, que asistió al evento.
La mención a los sistemas alimentarios se eliminó en la última versión del Inventario Global
Los stakeholders del sector de la alimentación también han expresado sus preocupaciones, como la necesidad urgente de traducir estos compromisos de la política agraria en acciones concretas. Como observó Marie Cosquer, analista de la ONG Acción contra el Hambre: “El tema es urgente, pero lamentablemente no parece haber ninguna voluntad política en esta cuestión. Sabemos cuáles son las soluciones. Simplemente, hemos de aplicar los principios de la agroecología e incrementar los fondos públicos destinados a apoyar a los productores de alimentos.”
La impresión de Cosquer parece acertada: un informe reciente sobre los flujos financieros destinados a la agricultura sostenible muestra que los pequeños propietarios reciben el 0,3% del financiamiento climático internacional, tanto de fondos públicos como privados.
La vaca en la habitación
Es irrefutable que el sistema alimentario y, en particular, la producción agropecuaria, es uno de los factores que más contribuyen al cambio climático inducido por el hombre y afecta a los nueve límites planetarios. Por sí solos, los complejos industriales agrícolas son responsables de casi una cuarta parte de los GEI, especialmente del dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). Al mismo tiempo, la expansión de la frontera agraria –principalmente para la alimentación animal y el ganado— ha destruido grandes extensiones de importantes ecosistemas caracterizados por su biodiversidad, como la selva tropical amazónica.
Siendo la ganadería responsable de casi la mitad de las emisiones agrícolas, las negociaciones en el Pabellón Food4Climate contaron con el respaldo de una coalición histórica de organizaciones defensoras de los sistemas alimentarios de base vegetal y los derechos de los animales. Entre ellas había ProVeg, World Animal Protection, Impossible Foods, la Asociación Internacional de Estudiantes de Ciencias Agrícolas y Afines (IAAS) y Compassion in World Farming, así como el apoyo del Plant-Based Treaty. Sus reivindicaciones giraban en torno de la cuestión de 'la vaca en la habitación’ y la necesidad urgente de iniciar la transición de los sistemas alimentarios de origen animal a los basados en plantas.
El sistema alimentario actual es uno de los factores que más contribuyen al cambio climático inducido por el hombre
Los defensores de los sistemas alimentarios a base de plantas aplaudieron que, por primera vez, dos terceras partes de las comidas servidas en la cumbre de la COP fueran veganas o vegetarianas. Este logro es el resultado de las insistentes peticiones realizadas en ediciones anteriores y de una carta abierta enviada meses atrás al presidente de la COP por parte de YOUNGO, un grupo de defensa del clima dirigido por jóvenes, y por más de 140 organizaciones. Las comidas de catering a base de plantas minimizaron la huella de carbono y concienciaron aún más a los asistentes.
Sin embargo, los paladines de la alimentación de base vegetal criticaron la presencia de 120 representantes de lobbies de la industria cárnica y láctea, que triplicaban los asistentes del año anterior. Esta crítica persiste todavía hoy y plantea varios interrogantes. Si bien es importante que estén presentes en las negociaciones como agentes implicados en la crisis climática, debemos preguntarnos cuáles son sus motivos. Antes de la cumbre, The Guardian y DeSmog publicaron conjuntamente un informe basado en archivos filtrados que revelaba las oscuras intenciones de estos lobistas y sus planes de blanqueo ecológico (greenwashing) para la COP28. Dichos documentos, patrocinados principalmente por la Global Meat Alliance, aportaban datos supuestamente científicos sobre la “carne sostenible”, así como sobre los beneficios de los productos cárnicos y lácteos para la salud humana y del planeta. Su participación y disposición para transformar el actual sistema alimentario degenerativo sigue sin estar clara.
Según la FAO, el 32% de las emisiones de metano inducidas por el hombre a escala global son debidas a los rumiantes bovinos y ovinos y a los búfalos. El metano es un potente GEI con un potencial para el calentamiento global de entre 28 y 36 veces el del dióxido de carbono en un período de 100 años. Teniendo en cuenta este dato, sería bueno preguntarnos si este punto fue tratado en la COP28 que se celebró en Dubái.
¡Y la respuesta es sí! De hecho, un par de años antes de que finalizara la cumbre sobre el clima, la FAO –conforme a su compromiso con los sistemas alimentarios– elaboró un mapa de ruta para erradicar el hambre en el marco del objetivo de los 1,5 ºC. Aunque ello sea indicio de una acción prometedora y esperanzadora, el “mapa de ruta” también indica que “el sector ganadero necesita intensificar la productividad mejorando la genética y las prácticas de la alimentación, procurando reducir el uso de los recursos”.
Este mapa de ruta menciona la alimentación de base vegetal solo una vez. Al mismo tiempo, no destaca la importancia de los alimentos a base de plantas para la salud del planeta y de los humanos y los demás seres vivos, sino más bien todo lo contrario, a través de una afirmación poco contrastada: “... para evitar efectos indeseados, como los productos alternativos a la carne de base vegetal que no podrían beneficiarse de la fortificación y tendrán deficiencias nutricionales, pero que pueden ser adquiridos por consumidores no advertidos que no perciban las desventajas de estos productos”.
Casi simultáneamente, la FAO ha publicado un documento titulado Vías para reducir las emisiones en que la organización presenta una supuesta evaluación mundial de las emisiones de GEI y distintas opciones para mitigar las debidas a los sistemas agroalimentarios ganaderos. Y, curiosamente, el documento insiste en que mejorar los sistemas de producción ganadera podría tener efectos positivos para el objetivo de reducción de las emisiones. Concretamente, señala que, si se mejorara el sistema en términos de productividad y de eficiencia a través de la cadena de producción, se reducirían las emisiones, se fomentaría la sostenibilidad y se mitigaría el impacto medioambiental del sector ganadero.
Además, según han reportado algunos periodistas, el pasado sábado 10 de diciembre, el secretario de Agricultura de la Estados Unidos Tom Vilsack, al ser preguntado sobre la importancia de reducir el consumo de carne para combatir el cambio climático respondió: “No oigo hablar demasiado sobre este tema [...], pero sí sobre el importante papel que podrían tener las estrategias de reducción del metano para que la industria ganadera actual sea más sostenible”.
La ganadería no ha sido sostenible, y probablemente no lo será durante mucho tiempo
Quiero instar a los lectores de este artículo a que se hagan la siguiente pregunta: ¿Qué está pasando aquí? Si analizamos la cuestión más de cerca, concluimos que la ganadería no ha sido sostenible (y probablemente no lo será) durante mucho tiempo. En primer lugar, como ya hemos subrayado, existen muchos datos científicos que demuestran que una dieta equilibrada de base vegetal es más sostenible y beneficiosa para la salud humana. Como ilustra el gráfico publicado en el informe de evaluación de 2023 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), una dieta a base de plantas es la que presenta el mayor potencial de mitigación de los GEI.
Asimismo, un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Oxford muestra el gran impacto que tienen los alimentos de base animal (carne vacuna, productos lácteos, carne de aves de corral) en las emisiones, el cambio de uso de la tierra y la utilización de los recursos, en comparación con los alimentos/dietas a base de plantas (soja, cacahuetes, guisantes). Además, otro estudio reciente publicado en Nature Communications muestra que la alimentación de base vegetal puede suponer una contribución significativa para lograr la restauración de los suelos y para alcanzar los objetivos de conservación de la biodiversidad.
En segundo lugar, numerosos estudios médicos han demostrado los beneficios para la salud de las dietas a base de plantas, frente a las de base animal. Los alimentos de base animal, especialmente la carne, se asocian a distintos tipos de cáncer, a enfermedades coronarias, a la resistencia a los antibióticos y a la diabetes de tipo 2. De hecho, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) ha calificado la carne como cancerígena para los humanos. Un metaanálisis publicado en 2022 por la National Library of Medicine corrobora estas afirmaciones, que también cuentan con el aval de una amplia investigación a cargo de la Comisión Lancet y de publicaciones dirigidas por investigadores de la Universidad de Oxford y de la Universidad de Harvard y, paradójicamente, de la Organización Mundial de la Salud de la ONU.
Cabría preguntarse por las afirmaciones y soluciones paradójicas que ha proporcionado la ONU al respecto. Al parecer, aunque existen sólidas pruebas científicas de que la producción pecuaria está agotando recursos valiosos, degradando la tierra y afectando a la salud humana, la solución es incrementar su producción. Y, paralelamente, se neglige o se ignora el efecto positivo que ofrecen las dietas de base vegetal. ¿Por qué?
Un comentario sobre la agricultura regenerativa
Dentro del discurso sobre la “carne sostenible”, se puede incluir la denominada agricultura regenerativa y los métodos silvopastoriles. Estas técnicas agrícolas emergentes pretenden restaurar la salud de los suelos, secuestrar los GEI e incrementar la biodiversidad, por ejemplo, integrando las plantaciones con el ganado herbívoro y los árboles. De este modo, podrían restaurarse las funciones ecológicas y los ciclos biogeoquímicos y, al mismo tiempo, incrementar la biodiversidad y la resiliencia. Un destacado especialista en la materia es Allan Savory, que ha acuñado el término gestión holística.
Ante la adopción creciente de la sostenibilidad regenerativa incluso por parte de multinacionales como Nestlé, Danone y Bayer, la COP28 concibió la Agenda de Acción de Paisajes Regenerativos. Acelerando las inversiones y las innovaciones, esta iniciativa multistakeholder, liderada por la presidencia de la COP, el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) y el Boston Consulting Group (BCG), pretende extender la adopción de sistemas agrícolas regenerativos con el fin de impulsar la transición de 160 millones de hectáreas en manos de 3,6 millones de agricultores hacia la agricultura regenerativa, con una inversión inicial de 2.200 millones de dólares.
Esta iniciativa es positiva para el medio ambiente, teniendo en cuenta el estado de salud actual del suelo en el mundo, debido a la erosión y a un uso excesivo de los fertilizantes. Los investigadores han demostrado que esta transición hacia unos sistemas alimentarios regenerativos podría resultar beneficiosa para el suelo, para la biodiversidad y para los ingresos de los agricultores. Es preciso investigar más en este sentido, especialmente en relación con el ganado y la agricultura regenerativa.
Consumir carne y productos lácteos a la escala actual no es sostenible, ni siquiera con métodos regenerativos
Es ampliamente reconocido que consumir carne y lácteos a la escala actual ya no es sostenible, ni siquiera utilizando métodos regenerativos. Por ejemplo, un estudio exhaustivo sobre el ganado alimentado con pasto señala que, en determinadas circunstancias, es posible mitigar los GEI. Sin embargo, mejorar el pasto a través del secuestro de carbono no ofrece una oportunidad sustancial de captura para abordar el estado crítico de la Tierra. Los pastizales de todo el mundo contienen ya grandes cantidades de carbono, lo cual limita su posible secuestro por parte del ganado. Además, este carbono puede liberarse fácilmente a la atmosfera. Se requieren más investigaciones al respecto.
Los sistemas alimentarios de base vegetal y el Plant-Based Treaty
Una observación final de la COP28 que quisiera hacer se refiere a la participación del Acuerdo Basado en Plantas (PBT). El PBT es un movimiento de base que sitúa la producción pecuaria como primer objetivo en un intento de luchar contra la crisis climática. Los principios del PBT son las 3 “R”: 1) renuncia –poner fin al cambio de uso de la tierra para la producción pecuaria–, 2) redirección –invertir más en sistemas de base vegetal– y 3) restauración –restaurar activamente los ecosistemas–.
Es una campaña sin ninguna vinculación política, que anima a todos los agentes sociales –personas, organizaciones, escuelas, gobiernos, comunidades, políticos y ciudades– a reconocer que la producción pecuaria es uno de los principales factores del cambio climático inducido por el hombre. Además, el respaldo a esta iniciativa va acompañado del compromiso a iniciar la transición hacia una dieta de base vegetal.
El PBT cuenta con el apoyo de premios Nobel, dirigentes políticos y consejeros municipales, empresas e instituciones educativas. El propósito de esta iniciativa es sensibilizar y generar una transformación sistémica proporcionando información y recursos sobre las dietas a base de plantas, a distintos niveles de la sociedad. En Esade, ya realizamos una campaña de sensibilización en noviembre, en colaboración con la asociación de estudiantes Oikos Barcelona, dedicada a la sostenibilidad, que también apoya el PBT.
En la COP28, el PBT presentó un informe titulado The Safe and Just report. Se trata de un documento de base científica que señala los efectos degenerativos de la producción pecuaria y cómo afecta a nuestro espacio de seguridad dentro de los límites planetarios. Se basa en la “economía del dónut” de Kate Raworth para integrar las cuestiones relacionadas con los aspectos éticos, científicos y socioeconómicos de la producción pecuaria.
El marco vegano de la economía del dónut tiene por objeto conectar los conocimientos científicos para actuar conforme a los principios innovadores del Acuerdo Basado en Plantas, sus políticas y sus detalladas propuestas. Animo al lector a leer este informe y, naturalmente, a compartirlo. Otro hecho destacado es que Enric Noguera, coordinador de campaña de PBT, se reunió en la cumbre con Jaume Collboni, alcalde de Barcelona, que le manifestó su interés por estudiar esta iniciativa más a fondo. El PBT espera lograr una mayor concienciación pública en la ciudad de Barcelona, entre sus gobernantes y las instituciones educativas.
La transición hacia un sistema alimentario sostenible, regenerativo, de base vegetal y más saludable no es sencilla. No solo requiere una enorme acción colectiva, sino también individual. Si bien tiene mucho valor pedir responsabilidades a nuestros gobiernos e instituciones, no debemos olvidar que está en nuestras manos poder de transformar nuestra casa –el planeta Tierra– para mejorarla. Y recordemos que “una dieta vegana es, probablemente, la mejor forma que tenemos de reducir nuestro impacto sobre la Tierra” (Joseph Poore, Universidad de Oxford).
Doctorando del Instituto de Innovación Social de Esade y miembro del Esade Center for Social Impact
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