2026: Un panorama geopolítico desafiante para las empresas

Las fuerzas globales están reconfigurando el entorno operativo. Los líderes empresariales que no integren la conciencia geopolítica en su toma de decisiones se pueden encontrar con dificultades para seguir siendo resilientes y competitivos.

Equipo Do Better

Desde la intervención militar en Venezuela hasta la volatilidad de la política estadounidense y el creciente poder comercial de China, el mundo dista mucho de ser predecible en 2026. Incluso los planes corporativos mejor diseñados están expuestos a disrupciones. La nueva normalidad para ejecutivos y responsables políticos consiste en navegar de forma constante por un entorno geopolítico turbulento.

En un análisis reciente para Forbes, Angel Saz-Carranza, director del Esade Center for Global Economy and Geopolitics (EsadeGeo), destacó cinco amenazas geopolíticas que influirán en la estrategia empresarial durante el próximo año.

1. La amenaza china para la industria manufacturera de la UE

Las exportaciones chinas continúan creciendo, lo que incrementa la presión sobre los fabricantes europeos y empuja a Bruselas a reforzar sus instrumentos defensivos en materia comercial. “China tiene una ambición clara de dominar los sectores de manufactura avanzada, ámbitos en los que históricamente han destacado las empresas europeas”, señala Saz-Carranza. La maquinaria de precisión, las tecnologías verdes y los vehículos eléctricos son algunos de los principales campos de batalla. Los productores chinos de vehículos eléctricos han logrado consolidar su cuota de mercado global, mientras que los fabricantes europeos lidian con estructuras de costes heredadas y una elevada incertidumbre regulatoria.

En el marco del programa ReSourceEU, Bruselas ha destinado 3 000 millones de euros a reducir la dependencia de materias primas chinas. Olivier Andriès, presidente de la asociación aeroespacial francesa GIFAS, lo expresó con crudeza: “Existe una tendencia hacia la instrumentalización de la cadena de suministro”, afirmó, en referencia a la dependencia de la UE de materias primas críticas como las tierras raras procedentes de China.

La competitividad industrial y la geopolítica están hoy estrechamente entrelazadas. Tal como señala el Foro Económico Mundial, la fragmentación de las cadenas de suministro y las tensiones geopolíticas figuran entre los riesgos empresariales más graves de los próximos años. La incapacidad de las empresas para adaptarse podría mermar significativamente su competitividad.

2. ¿Seguirá siendo EEUU un aliado comercial?

El acuerdo alcanzado en julio de 2025 sobre aranceles entre EEUU y la UE pudo haber frenado temporalmente las tensiones comerciales, pero en Bruselas muchos analistas consideran que esta distensión es frágil. “La experiencia demuestra que las políticas de EEUU serán volátiles más que estables”, apunta Saz-Carranza.

Las relaciones comerciales relativamente fluidas entre la UE y EEUU podrían verse alteradas por el impulso europeo hacia la soberanía digital y por la implantación de una nueva política digital destinada a controlar y regular la gestión de datos y el desarrollo y uso de la inteligencia artificial. Esta orientación choca con los intereses del Gobierno estadounidense.

El escenario geopolítico ya no gira únicamente en torno a aranceles y flujos comerciales, sino también a la competencia entre países por gobernar los datos y los mercados digitales. Las empresas que operan en ambos lados del Atlántico deben mantenerse al día de unas normas de cumplimiento en constante evolución y anticipar no solo qué reglas se aplicarán, sino también cómo se harán cumplir.

Según encuestas recientes a directivos, la incoherencia regulatoria figura entre las principales preocupaciones empresariales, ya que se percibe como un freno al crecimiento. El sondeo del Foro Económico Mundial también concluye que hacer negocios resulta cada vez más complejo.

3. Cambios de liderazgo y volatilidad política

Las elecciones legislativas de mitad de mandato en EEUU centrarán la atención este mes de noviembre. Aunque no alterarán la presidencia, su resultado influirá en la orientación de la política interior y exterior al determinar el grado de control que el partido del presidente Trump ejercerá sobre el Congreso.

¿Podría una administración con menos frenos internos resultar más predecible? La volatilidad política incrementa el riesgo de las decisiones de inversión a largo plazo, y las encuestas muestran que el riesgo político se ha situado entre las tres principales amenazas corporativas a escala global. Cada vez más directivos consideran la estabilidad política un elemento central para la planificación de las cadenas de suministro y de la inversión.

En Europa, las elecciones previstas en Hungría el próximo mes de abril podrían alterar el equilibrio de poder dentro de la UE. El actual primer ministro, Viktor Orbán, ha bloqueado o ralentizado con frecuencia reformas comunitarias e iniciativas de política exterior, especialmente en materia de sanciones y apoyo a Ucrania. Si perdiera el poder, su capacidad de veto desaparecería, lo que podría allanar el camino para una acción europea más fluida.

Fuera de la UE, la carrera presidencial en Brasil añade complejidad al panorama geopolítico. Brasil es un país con exportaciones clave —alimentos, minerales y energía—, y los inversores se sienten más confiados cuando existe estabilidad política. En este caso, los mercados de materias primas y la confianza inversora dependen en gran medida de la continuidad política.

Ninguna de estas elecciones se producirá de forma aislada. Sus efectos se sentirán a escala global, influyendo en los flujos de capital internacionales y en las decisiones estratégicas en múltiples regiones.

4. Europa, rodeada de incertidumbre

Las zonas periféricas de Europa también atraviesan una situación de inestabilidad. Desde el colapso de varios Estados en el Sahel hasta los conflictos persistentes en Sudán, Siria y Gaza, el contexto es de deterioro de la seguridad, con impactos directos sobre la actividad empresarial.

En Ucrania, la guerra sigue sin resolverse y continúa afectando a las cadenas de suministro, a los mercados energéticos y a la confianza de los inversores. En el Sahel, la pérdida de influencia de la diplomacia europea y el auge de grupos paramilitares complican el comercio a través de corredores que antes se consideraban seguros.

La inestabilidad regional se propaga hacia el exterior: movimientos de refugiados, interrupciones logísticas y mayores costes en seguros y servicios de seguridad. El Foro Económico Mundial ha subrayado en su Informe de Riesgos Globales para 2026 que los conflictos armados entre Estados siguen figurando entre los riesgos globales más graves, tanto desde una perspectiva humanitaria como económica.

Las empresas con operaciones o cadenas de suministro en estas regiones ya están comprobando cómo tensiones localizadas generan impactos a escala global.

5. ¿Cumplirá la IA con las expectativas?

La inteligencia artificial es uno de los sectores más sobredimensionados de la década, señala Saz-Carranza. Y este hype que se ha generado a su alrededor puede generar expectativas difíciles de satisfacer. “Si la burbuja de inversión en IA se corrige de forma brusca en 2026, las consecuencias podrían extenderse desde los mercados de capitales hasta sectores enteros de la economía”, advierte.

Investigaciones recientes refuerzan esta preocupación: la inversión global en centros de datos e infraestructuras de IA se ha disparado, mientras que las valoraciones se mantienen en niveles muy elevados. Un ajuste abrupto podría provocar perturbaciones en los mercados y endurecer las condiciones de crédito tanto para startups como para empresas consolidadas. “Una adopción más lenta, el aumento de los costes, las restricciones en la cadena de suministro y unas prácticas contables de amortización poco sólidas podrían suponer riesgos para la estabilidad financiera global”, alerta el informe de Trends Research.

A medida que la IA se integra en los procesos de toma de decisiones, las cuestiones de gobernanza, sesgo y control emergen como riesgos empresariales y políticos de primer orden, y no solo como debates éticos abstractos.

Para los líderes empresariales, el reto consiste en seguir innovando y, al mismo tiempo, estar preparados para escenarios en los que el rápido ascenso de la IA se frene o en los que las restricciones regulatorias se endurezcan.

La conciencia geopolítica como herramienta clave

Más allá de los cinco riesgos principales señalados por Saz-Carranza, el mundo continúa enfrentándose a otras crisis persistentes. Países como la República Democrática del Congo, Myanmar, Venezuela o la región de Cachemira mantienen un elevado potencial desestabilizador a nivel regional.

Otros informes alertan también de riesgos adicionales que podrían alterar la estabilidad empresarial: una revolución política en la América de Trump, un vacío de seguridad en Europa ante un repliegue de EEUU o el uso del agua como arma entre países rivales.

“Los líderes ya no pueden tratar la geopolítica como un ruido de fondo”, afirma Saz-Carranza. Ya se trate de la rivalidad industrial con China, de la divergencia regulatoria con US, de la imprevisibilidad electoral, de la inestabilidad regional o del sobrecalentamiento tecnológico, todo apunta a que 2026 pondrá a prueba la agilidad corporativa como nunca antes.

La mera reacción no será suficiente. Las empresas deben construir resiliencia estratégica, integrando el análisis geopolítico en la toma de decisiones clave, en el diseño de las cadenas de suministro y en la planificación de inversiones a largo plazo.

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