Simplificación frente a desregulación: Un océano de distancia

Europa ha abrazado la simplificación regulatoria con el objetivo de ganar competitividad. Sin embargo, al otro lado del Atlántico, EEUU va un paso más allá y apuesta por la desregulación. ¿Debe Europa debe seguir sus pasos para seguir siendo competitiva?

Alicia Muñoz Lombardía

Desde que Mario Draghi y Enrico Letta publicaron sus conocidos informes, en los que ponían de manifiesto que la regulación podría construir un freno para el crecimiento económico, la simplificación regulatoria se ha convertido en un mantra en Europa.

En el artículo publicado en la Newsletter de marzo de 2024 ya apuntábamos que una pausa regulatoria podría ser una terapia muy eficaz para la pérdida de capacidad competitiva que supone la fatiga normativa, pero, desgraciadamente, en estos dos años no se ha avanzado lo suficiente.

Al otro lado del Atlántico, la administración americana ha desplegado un proyecto muy ambicioso, orientado no solo a simplificar sino, sobre todo, a desregular.

Iniciativas europeas

El Informe Draghi inspiró la denominada “Brújula de la Competitividad”, un plan para reactivar la economía que comprende políticas y reformas orientadas a estimular el crecimiento económico, la innovación y la productividad de Europa, y así fortalecer la competitividad de la Unión Europea frente a potencias globales como Estados Unidos y China.

En este contexto, la Comisión Europea ha puesto en marcha una estrategia para minorar la burocracia y simplificar la legislación europea, con el objetivo de reducir en, al menos, un 25 % las cargas administrativas para las empresas y un 35 % para las pymes antes de 2029.

A tal fin, se han presentado múltiples paquetes “ómnibus” de alivio regulatorio. Estos proponen cambios integrales en las leyes existentes e incluyen seis propuestas específicas que abarcan desde la sostenibilidad hasta la regulación digital, además de otros ámbitos, con una estimación de reducción de costes administrativos recurrentes de 8.600 millones de euros.

Este mes de diciembre, el Parlamento Europeo y el Consejo han llegado a un acuerdo para eximir al 90 % de las empresas de la aplicación de la Directiva sobre Información Corporativa en materia de Sostenibilidad (CSRD) y la Directiva sobre Diligencia Debida en materia de Sostenibilidad (CSDD), lo que supondrá un ahorro de hasta 4.500 millones de euros.

Sobre el 28º Régimen que avanzábamos en el referido artículo de esta Newsletter, la Unión Europea ha lanzado una propuesta legislativa para crear un marco jurídico opcional y uniforme. Se trata de una alternativa legal voluntaria a los 27 ordenamientos jurídicos de los países de la UE, destinado a facilitar la constitución, operación y expansión de empresas, especialmente start-ups y scale-ups, en el mercado interior. Esta podría resolver, en gran medida, el problema de fragmentación de los marcos jurídicos de los Estados Miembros en materia de derechos fiscales, de sociedades o de normativa laboral.

Iniciativas nacionales

En España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores también se ha alineado a los esfuerzos europeos con su plan de simplificación de actuaciones supervisoras para 2026. Esta hoja de ruta persigue reforzar la eficiencia y fomentará la proporcionalidad sin menoscabar la protección del inversor. Simplificar el marco regulatorio y de supervisión en los mercados de valores, evitar duplicidades de información y reducir hasta el 50 % de los documentos requeridos son algunos de los objetivos de dicho plan que, además, potenciará el uso de la tecnología.

Replanteamiento de la regulación en el sector financiero

Reguladores americanos junto con la administración estadounidense están eliminando o relajando estándares introducidos después de la crisis de 2008, al considerarlos excesivamente restrictivos para los bancos. Las medidas incluyen reducciones en ciertos colchones de capital, con el objetivo de liberar recursos para la financiación y las inversiones. Un informe concluye que la agenda de desregulación podría permitir a los bancos americanos liberar hasta un 14 % del Ratio de Capital (en inglés, CET1), lo que desbloquearía aproximadamente 2,6 billones de dólares en capacidad adicional de activos para actividades de préstamo y mercados de capitales. Hay también detractores que avisan de que esta reforma y eliminación de parte del escudo prudencial puede sentar las bases para una futura crisis financiera.

En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) ha publicado las recomendaciones para simplificar la arquitectura regulatoria y el marco de supervisión y reporte. Frente al enfoque americano, el regulador europeo avanza en la simplificación del enfoque supervisor, pero mantiene una política de continuidad. Entre sus propuestas, además de dar un impulso definitivo a la unión bancaria y de ahorros e inversiones, para favorecer la integración y eficiencia de los mercados de capitales, está la introducción de un régimen más sencillo para las entidades de menor tamaño. Así, se crearía un mecanismo europeo de gobernanza con una visión global de capital que pretende fusionar los colchones de capital en dos categorías: uno liberable y otro no liberable. Además, simplificaría la ratio de apalancamiento y reforzaría la capacidad del Capital de Nivel Adicional (siendo sus siglas en inglés AT1) para absorber pérdidas, manteniendo la resiliencia del sistema.

En las conclusiones de la reunión de Ecofin celebrada en diciembre, los ministros de finanzas de la UE solicitaron al ejecutivo comunitario un plan integral y ambicioso para revisar, simplificar y, cuando sea pertinente, derogar la normativa aplicable al sector financiero sin comprometer la estabilidad, acelerando las reformas y los plazos para su implementación. Se pretende eliminar requisitos innecesarios, alinear definiciones eliminando duplicidades, disposiciones obsoletas y requisitos de presentación de informes innecesarios o superpuestos. De cara al futuro, se insta a que las normas sean menos complejas y onerosas y que, para cualquier cambio normativo, además de aplicar criterios de proporcionalidad, se deba evaluar su impacto en el sector y en la economía general.

Cambios a futuro

Está en riesgo la propia supervivencia de Europa. Hace falta sentido de urgencia y una regulación sencilla, armonizada y que reduzca la burocracia para que el viejo continente recupere y consolide su posición en la economía global.

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