Por qué la UE está cambiando su estrategia de seguridad económica

Ante las crecientes tensiones geopolíticas, las interrupciones en el suministro y el nacionalismo económico, la UE se ve obligada a actuar con rapidez para garantizar las tecnologías críticas, diversificar sus socios y reforzar su base industrial.

Equipo Do Better

El mundo es cada vez menos estable. Las crisis geopolíticas, las interrupciones en las cadenas de suministro, la guerra y el auge del nacionalismo económico han erosionado la previsibilidad del orden mundial. ¿Cómo debe la UE navegar por estas aguas turbulentas y seguir protegiendo a sus ciudadanos, su industria y sus intereses estratégicos?

En una conferencia de Esade sobre seguridad económica, Damien Levie, asesor de seguridad económica de la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea, advirtió que Europa se enfrenta a un “nuevo orden económico mundial” y debe replantearse cómo defenderse y hacerlo rápidamente. El evento fue organizado por EsadeGeo y el Centro de Gobierno Corporativo.

Europa se está adaptando, pero demasiado despacio

El cambio en el entorno en el que se encuentra Europa se debe principalmente a tres potencias externas: Rusia, China y Estados Unidos. Cada una de ellas plantea riesgos distintos para las empresas, las cadenas de suministro y la competitividad europeas. El simple hecho de mantener buenas relaciones comerciales con estos países ya no es suficiente para garantizar que Europa pueda proteger su seguridad o su prosperidad.

Esto es importante para las empresas. Europa depende de proveedores externos para conseguir combustibles, componentes y tecnologías. Cuando esos proveedores o los Estados que los respaldan deciden restringir los flujos por razones políticas, estratégicas o económicas, las fábricas se detienen, las facturas de la luz y el gas se disparan y sectores enteros se ven afectados. Igual de preocupante es que la fragmentación de la toma de decisiones y la limitada capacidad fiscalde Europa le impidan responder con rapidez y eficacia.

Rusia: el fracaso de la interdependencia

Levie describe la invasión de Ucrania por parte de Rusia como una “amenaza existencial para Europa”. Aparte de la crisis humanitaria y la acogida de refugiados, supone también un impacto económico.

Los fuertes vínculos comerciales y la gran dependencia de Europa de la energía rusa hicieron que las sanciones resultaran costosas

“Al comienzo de la guerra, cuando discutimos junto a Estados Unidos las sanciones contra Rusia, el daño para nosotros en Europa era significativamente mayor que para Estados Unidos”, explica Levie. “Las exportaciones de Estados Unidos a Rusia ascienden a unos 5.000 millones de dólares, mientras que las de la UE son de 90.000 millones”.

El fuerte vínculo exportador y la gran dependencia de Europa de la energía rusa hicieron que las sanciones resultaran muy costosas. El consiguiente aumento de los precios de la energía supuso duros ajustes para los hogares y la industria, ya que la UE trató de castigar a Moscú. La UE aprendió por las malas que la interdependencia comercial y económica no necesariamente evita los conflictos.

China: deflación, dominio y la instrumentalización de las dependencias

China está ganando poder con una estrategia que combina un fuerte apoyo a la industria nacional con esfuerzos para hacer que el mundo dependa de sus productos y sus cadenas de suministros. Levie señaló que China ha experimentado 30 meses de deflación de los precios industriales y advirtió sobre el “uso de las dependencias como arma”,es decir, utilizar los controles de exportación u otras restricciones para ejercer presión sobre sus socios comerciales.

El caso de Nexperia, una empresa china fabricante de chips electrónicos, ilustra perfectamente esta táctica. En respuesta a la intervención del Gobierno neerlandés por preocupaciones sobre la gobernanza de Nexperia, China bloqueó la exportación de chips a la UE durante semanas. “Las autoridades chinas no dudaron ni un segundo en imponer nuevos controles”, afirma Levie.

Los fabricantes de automóviles europeos, entre ellos Volvo y Volkswagen, dependen de estos chips, por lo que la producción se ralentizó y casi se detuvo. El episodio demostró cómo un único cuello de botella en una cadena de valor global puede provocar el cierre de fábricas y una enorme perturbación económica.

Estados Unidos: de las normas a los acuerdos

Estados Unidos se está alejando del multilateralismo en favor de la presión bilateral y los acuerdos más transaccionales. “Las alianzas se cuestionan, y las instituciones internacionales se cuestionan”, afirma Levie. Estados Unidos no asistió a la COP 30 ni al reciente G20. Y aunque sigue formando parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC), está redefiniendo su compromiso.

Este nuevo terreno de juego, con reglas menos predecibles y un mayor ejercicio directo del poder, debilita las instituciones y limita la capacidad de las potencias más pequeñas para negociar colectivamente. Para Europa, que a menudo habla con muchas voces, esto aumenta la necesidad de unidad y coordinación estratégica.

La respuesta de Europa: promover, proteger, asociarse

La UE no se ha quedado de brazos cruzados. Levie habló sobre la estrategia de la UE en respuesta al tempestuoso clima económico.

Promover: construir la base industrial de Europa

Europa está adoptando una política industrial que habría sido impensable hace dos décadas: aumento de la inversión (Ley de Chips), apoyo a las tecnologías de cero emisiones netas ( Ley sobre la industria de cero emisiones netas), una estrategia de materias primas en preparación, mayor inversión en defensa y un giro hacia el “Made in Europe” para sectores críticos. Y simplificar la normativa para facilitar la vida a las empresas nacionales reduciendo el número de normas y trámites burocráticos.

Proteger: salvaguardar la tecnología y los mercados

La UE está endureciendo el control de la inversión extranjera directa (IED), ampliando los controles a la exportación, aplicando la normativa sobre subvenciones extranjeras e impulsando medidas de seguridad en la investigación para reducir la transmisión no deseada de tecnología. El objetivo es proteger a la UE sin frenar el crecimiento. Por ejemplo, la UE trata de mantener la apertura y la colaboración científicas, al tiempo que equilibra el riesgo político.

La apertura de la UE debe ir acompañada de políticas para reducir la vulnerabilidad

Levie también mencionó el Instrumento Anticoerción como una potente herramienta defensiva: si una potencia exterior intenta forzar la mano de la UE mediante presiones comerciales o económicas, la UE puede tomar represalias de forma colectiva. El instrumento es poderoso, pero, hasta ahora, no se ha utilizado.

Asociarse: fomentar la resiliencia mediante alianzas

Para reducir el riesgo de depender en exceso de un número limitado de socios comerciales, la UE está buscando nuevos acuerdos comerciales y colaboraciones estratégicas. “Nos estamos beneficiando de los vientos favorables para firmar nuevos acuerdos de libre comercio”, explica Levie. Se han logrado avances en los acuerdos con Japón y los Emiratos Árabes Unidos, y las conversaciones con Mercosur, India e Indonesia están progresando. Este enfoque busca diversificar el suministro de materias primas críticas. Levie argumentó que la ampliación también fortalece la unión a largo plazo al aumentar la escala y la estabilidad económicas.

¿Puede la UE actuar como una potencia geopolítica?

Aunque Levie se muestra cautelosamente optimista sobre la estrategia, es realista en cuanto a sus límites. La UE carece de las estructuras de gobernanza y la capacidad fiscal que tienen el resto de grandes potencias. Advirtió que la reducción del riesgo no se está produciendo con la suficiente rapidez, ni a nivel de la UE ni dentro de las propias empresas. El ejemplo de Nexperia muestra por qué las empresas deben diversificar sus proveedores, los gobiernos deben compartir su información sobre riesgos y armonizar sus políticas, y la inversión público-privada debe apoyar sectores clave como los chips y las tecnologías limpias.

Los gobiernos y las empresas deben “trabajar juntos”, afirma Levie. En la práctica, eso significa compartir información periódicamente entre los Estados y la industria, realizar pruebas de resistencia conjuntas de las cadenas de suministro, cofinanciar la capacidad de producción resiliente y disponer de herramientas legales que permitan a la UE actuar de forma colectiva cuando se vea presionada.

Una encrucijada para Europa

Europa tiene que forjar nuevas alianzas, empoderar a sus empresas y proteger sus propios intereses para evolucionar hacia una unidad más poderosa y resistente a las crisis. El mensaje de Levie no es que Europa deba cerrar sus puertas, sino que la apertura debe ir acompañada de políticas dirigidas a reducir la vulnerabilidad. Pero estos cambios deben producirse rápidamente y los Estados miembros deben actuar de forma conjunta. De este modo, la UE no solo podrá capear el nuevo orden económico, sino que, tal vez, pueda incluso darle forma.

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