Santiago Cartamil: “Mi visión es la de un futuro sin pantallas”

Conocemos a Santiago, ingeniero, emprendedor y estudiante del Executive MBA de Esade. A partir de una tecnología basada en el grafeno, aspira a redefinir el futuro de la imagen y el sonido para hacer de la comunicación digital un acto más humano.

Equipo Do Better

Santiago Cartamil siempre ha evitado los caminos cerrados. Desde que escogió sus estudios hasta su actual apuesta empresarial, la constante ha sido la necesidad de cambio como motor personal. “Mi intuición siempre me ha dicho que deje puertas abiertas”, explica. “No te enfoques demasiado en una sola cosa, porque lo mismo acabas atrapado ahí”.

Hoy intenta dar el siguiente salto en su trayectoria y sacar adelante la visión de un futuro donde, poco a poco, nos libremos de las pantallas que demasiado a menudo nos atrapan. Pretende hacerlo a través de una tecnología patentada basada en el grafeno, un material versátil que permite superar la tecnología de subpíxeles que ha dominado el mundo de la imagen durante las últimas décadas.

Charlamos con Santiago, estudiante del Executive MBA de Esade en el curso 2025-2026, para que nos cuente más.

Entender el mundo; resolver problemas

La trayectoria de Santiago comienza con la de un joven con inquietud por comprender cómo funciona el mundo. “Primero la naturaleza, después la ingeniería, luego la sociedad, las empresas...”. Escogió la carrera de física, en la Universidad de Granada, buscando una disciplina capaz de abarcar ese “todo” inabarcable. Resultó un acierto, pero pronto echó en falta una orientación más práctica que le hizo virar hacia la ingeniería electrónica. “Además de entender el por qué, me gustaba preguntarme: cuando tengo un problema, ¿cómo lo resuelvo?”, cuenta.

Movido por ese espíritu se lanzó a por un máster en Ciencia de Materiales y Nanotecnología por la Universitat Autònoma de Barcelona. Un campo híbrido donde confluyen disciplinas como la física, la química, la biología o la electrónica. “Te abre un espacio donde todo vale. Todo se mezcla para volver a presentarse bajo otra luz”, explica. Y allí, en el universo de las cosas minúsculas, se topó con un material que le cautivó: el grafeno.

El grafeno como reflejo de una personalidad

El grafeno es uno de los materiales más novedosos de los que dispone el ser humano. Fue aislado por primera vez en 2004, lo que valió un Nobel a sus descubridores. Es 200 veces más resistente que el acero, cinco veces más ligero que el aluminio y posee una conductividad excepcional, además de ser flexible, transparente e impermeable.

Su enorme potencial provocó unas expectativas difíciles de cumplir: se presentó como un súper material que prometía cambiarlo todo. Tras desinflarse el entusiasmo inicial, ha ido encontrando aplicaciones tecnológicas que, de manera discreta pero profunda, están generando cambios de calado en muchas industrias. Entre otros, se utiliza en sensores electrónicos, en baterías eléctricas o en los materiales compuestos usados en la aeronáutica avanzada.

El grafeno es un material simple y, a la vez, extraordinariamente potente

El grafeno ocupa una superficie de tan solo un átomo de grosor compuesta por una red bidimensional de hexágonos (algo similar al patrón del panal de las abejas). Este diseño natural permite acumular unas capas de grafeno sobre otras. La “magia” es que, dependiendo del ángulo en que se coloquen, la estructura inicial de hexágonos cambia, lo que aporta nuevas e inesperadas propiedades al material. “Se trata de un material simple y, a la vez, extraordinariamente potente. Te permite hacer casi cualquier cosa, tan solo limitada por tu creatividad y las leyes de la física”, resume Cartamil.

Durante su doctorado en la Universidad de Delft (Países Bajos), utilizaba membranas de grafeno para medir gases. Allí dio con uno de esos momentos de serendipia que hacen las delicias de cualquier científico: comparando diferentes fotografías aumentadas —el grafeno es tan fino que resulta imperceptible al ojo humano— comprobó que una de las membranas había cambiado de color en ciertos puntos. Los cambios de presión convertían el grafeno en algo equivalente a píxeles mecánicos, capaces de modular la luz para generar colores. Y a partir de los colores, se podrían construir imágenes.

Aquel momento eureka no tardó en toparse con una realidad muy frecuente en la ciencia. Diez años antes, la multinacional Qualcomm había comprado una invención muy similar basada en silicio y utilizada para fabricar un smartwatch que acabó siendo un fracaso comercial. Pero a la decepción inicial siguió un rayo de optimismo: esta vez contaba con un material distinto y muy versátil. “El grafeno es una plataforma en sí misma. Redescubrí un fenómeno que se había tratado de comercializar sin éxito, pero el cambio en el material suponía un cambio drástico”, apunta Cartamil.

Mejorar lo existente, por ahora

¿Qué usos podía dar a aquel descubrimiento? “He de reconocer que, en el primer momento, lo único que se me ocurrió fue usarlo en pantallas. Era lo que el mercado demandaba”, relata. Fue así como nació la tecnología GMOD® (Graphene Modulator), una membrana con la que crear pantallas de tipo reflectivo —similar a las pantallas de tinta de los libros electrónicos— pero mucho más potentes y rápidas. La primera de ocho patentes data del 2019 y cubre múltiples aplicaciones, como los componentes ópticos para telescopios y comunicaciones láser de satélites.

“Las pantallas reflectivas —que reflejan la luz externa, como las de los e-books— consumen muy poca energía y son mejores para los ojos, pero resultan bastante lentas. Las transmisivas —que emiten su propia luz, como las de los móviles— permiten ver vídeos a todo color, pero consumen demasiado y dañan la vista. Con GMOD®, nos quedamos con lo mejor de ambos mundos”, resume Cartamil.

Las aplicaciones van desde pantallas a gafas de realidad virtual y aumentada, pasando por hologramas en smartwatches o vehículos

La idea inicial evolucionó impulsada por la infinitud de posibilidades que ofrece el grafeno. La misma superficie que permite modular la luz, en tanto que membrana, también es capaz de vibrar y emitir sonido. Así es como, tras diversas iteraciones, nació LATIDO®, una tecnología que permite integrar imagen y sonido en un único hardware, sin necesidad de depender de componentes separados.

“Su diseño está pensado para ser muy escalable, tanto en volúmenes de manufactura como en tamaños de dispositivo. Por ejemplo, ahora podemos ir a Apple y decirles: con vuestras gafas de realidad aumentada sois integradores, pero tenéis un proveedor para el componente que proyecta y otro para los altavoces. Nosotros os ofrecemos ambos a la vez”, explica.

Las aplicaciones son del todo diversas. Desde las pantallas de toda la vida a gafas de realidad virtual y aumentada, pasando por hologramas en smartwatches o vehículos. También explora oportunidades de telecomunicaciones para industrias como la aeronáutica y la exploración espacial. Por ahora, el negocio se divide en la empresa de I+D, SCALE Nanotech, y la comercializadora, Dragon Elements.

¿Un mundo sin pantallas?

Más allá de enfocarse en las demandas inmediatas del mercado, Cartamil tiene su propia visión a largo plazo para cambiar el modo en que nos comunicamos. “Tengo hijos y soy muy sensible a cómo ellos consumen la tecnología. Puede que las pantallas hayan sido necesarias, pero la adicción que generan es algo horroroso y perjudicial, especialmente para los niños”. Por ello, su ambición es que esta tecnología no se limite a hacer mejoras incrementales a lo ya existente, sino a sustituirlo por algo exponencialmente mejor.

“Mi visión es convertir la comunicación 100 % humana en una posibilidad ubicua. Ahora dependemos para todo del teléfono, nos sentimos desnudos sin él. Con LATIDO®, podremos habilitar cualquier superficie plana en un portal audiovisual con capacidad holográfica. Sería tan fácil como acercarte a cualquier pared y consultar las noticias o hacer una llamada. Colocando estos portales humanos permites una comunicación menos fría y rompes con la adicción que genera pasar por el teléfono, que también tiene videojuegos, redes sociales, etc.”.

Mi visión es convertir la comunicación 100 % humana en una posibilidad ubicua

A todo ello se suma la posibilidad de cambiar los dispositivos actuales por una alternativa más sostenible. “El grafeno es un material muy abundante. Se crea del metano, no es tóxico e incluso es biocompatible. Está planteado desde el principio para no contaminar y ser fácilmente reciclable. De hecho, su diseño evita tierras raras que, a su vez, evitan la exposición a tensiones geopolíticas en la cadena de suministro. Además, estos portales audiovisuales pueden colocarse en superficies como si de un póster se tratara, por lo que no necesitaríamos dispositivos pesados y con varios componentes”, añade.

Cartamil reconoce que puede sonar como una propuesta “futurista”, pero en todo caso, no se trata de un problema de ingeniería: las capacidades ya existen, y tan solo es cuestión de encontrar aliados que compartan su visión y apuesten por ello. El sentir de los tiempos, sobre todo con la disrupción que ha supuesto la IA generativa, también parece indicar que es un buen momento para iniciativas audaces. Un ejemplo de ello lo ofrece OpenAI, que recientemente ha fichado al prestigioso diseñador del iPhone, Jony Ive, para tratar de dar con un producto que acabe con la larga primacía del smartphone.

Una red para el bien común

Durante su salto desde el laboratorio a la empresa, llegó un momento en que Santiago se sintió bloqueado. “Como emprendedor, he tocado todas las ramas que se han de tocar, finanzas, contabilidad, legal, marketing, management... Pero siempre desde la prueba y el error. No tenía un proceso, un método. Y cuando todo es experiencia e intuición, hacer negocios resulta impráctico”, confiesa.

Esa misma intuición le llevó a estudiar el Executive MBA. “Esade en particular me llamaba. Notaba algo que ahora sé lo que es. Es lo que los jesuitas llaman cura personalis, que no solo implica el desarrollo de negocio, sino tu propio desarrollo intrínseco. Yo necesitaba eso”, relata. “Además, no creo que hubiera encontrado los valores de Esade en ninguna otra escuela de negocios en el mundo. Y, sobre todo, no hubiera encontrado una red que comparta esos valores para un bien común. Para mí eso es muy potente".

Santiago despide la entrevista con un consejo muy práctico para otros científicos o ingenieros que, como él, quieran dar el paso al mundo de los negocios. “Les diría que presten especial atención a las operaciones. La mentalidad europea tiene un sesgo en cuanto a los negocios: tenemos tradición de finanzas y marketing. Pero las operaciones nunca mandan. Sin eso, tal vez puedas competir en el corto plazo, pero en el largo es insostenible”, recomienda. “Además, sé personal y hazlo personal. Si tú no crees en lo que haces, estás destinado al fracaso”.

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