Manual del buen líder: Escucha, aprende y acepta que los tiempos han cambiado
¿Cómo pueden los líderes trabajar de forma eficaz con otras generaciones que tal vez no comportan los mismos valores? Los profesores de Esade analizan las mejores prácticas para construir puentes en el liderazgo.
En The Office, la serie de televisión estadounidense que estuvo en pantalla durante nueve temporadas, de 2005 a 2013, el célebre gerente de la empresa experimentó una intrigante transformación.
Al principio de la serie, Michael Scott era un sabelotodo narcisista que no paraba de cometer una interminable sucesión de meteduras de pata culturales y se encogía de hombros ante cualquier consecuencia negativa. Se centraba en sí mismo en cada decisión que tomaba y se negaba a aceptar consejos o a aprender de sus errores. Pero, al final de la serie, Scott era una figura popular que llevó a su equipo al éxito.
Durante toda esta transición, los espectadores pudieron ver cómo Scott reconocía sus defectos, demostraba voluntad de aprender (aunque fuese torpemente) y poco a poco iba mostrando un verdadero conocimiento de cada uno de sus empleados y sus respectivos mundos.
El desarrollo de este personaje caricaturesco de una serie de hace más de una década esconde algunas lecciones clarividentes para los líderes de hoy en día.
El liderazgo en las distintas generaciones
En los entornos laborales actuales, cuatro generaciones con valores muy distintos pueden coexistir en el mismo espacio de trabajo. Y, como sucede con algunas tramas de The Office, —que no aguantan el escrutinio actual y se rechazarían con razón por resultar ofensivas—, lo mismo ocurre con algunos estilos de liderazgo.
Nunca habían convivido tantas generaciones de manera simultánea en el trabajo
“Estamos asistiendo a un momento inédito”, afirma Carlos Royo, profesor asociado del Departamento de Dirección de Personas y Organización de Esade. En su artículo publicado en la revista Business Review de Harvard Deusto continúa diciendo: “Nunca habían convivido tantas generaciones de manera simultánea en el trabajo”.
“Arquetípicamente, los líderes de la generación baby boomer son ejecutivos y autoritarios. Los miembros de la generación X comparten en parte este estilo ejecutivo, pero les gusta que les recompensen por conseguir objetivos”.
“Los millennials y la generación Z están introduciendo estilos de liderazgo basados en la cooperación y creando relaciones de confianza. Prefieren la autonomía y quieren que el feedback sea bidireccional, que sea posible dar feedback a su jefe, además de recibirlo”, explica Royo.
Existe una gran discrepancia en sus expectativas por lo que, ¿cómo pueden cerrar los líderes esta brecha generacional?
Centrarse en las personas
“Actualmente es más difícil liderar porque depende absolutamente del contexto”, declaró Andrés Raya, de Esade, en el periódico Diari d'Andorra. “Ya sea el momento, el proyecto o la cultura, el mundo en el que vivimos es mucho más complejo. En este contexto inestable, la honestidad y la confianza se valoran por encima de todo”.
Raya afirma que, para hacer frente a esta inestabilidad, es esencial garantizar que todo el mundo sea tratado de forma personal, algo con lo que los líderes de las generaciones más mayores y jerárquicas pueden estar menos familiarizados.
“Un buen líder tiene que ocuparse de las personas de forma individual”, afirma. “Debe atender a expectativas de cada una de ellas. Si se satisfacen las expectativas de cada persona, conseguirá motivarlas. El trato personal es clave”.
“Un líder que no quiere aprender y es rígido en un entorno y una situación en constante cambio fracasará. Un buen líder debe ser un eterno aprendiz y tener una motivación intrínseca para seguir experimentando e incorporando el cambio”.
El lenguaje importa
Siendo las expectativas de los empleados tan diversas, ¿cómo puede garantizar un líder de cualquier generación que su mensaje llegue de un modo que se reciba bien y se valore?
“El uso del lenguaje en la organización es un instrumento esencial para modificar e influir en la transformación de la cultura corporativa”, observa el profesor Royo en el diario Expansión. Y amplía: “Cómo se cuenta el relato afecta a cómo se percibe. En la evolución del liderazgo las palabras elegidas son fundamentales porque modificando ciertos términos se varía también el contexto”.
Sin embargo, no se trata en absoluto de limitarte a decir lo que crees que los otros quieren oír para conseguir lo que quieres, sino de respetar el lenguaje y los valores de las personas con las que te comunicas, al margen de que estés de acuerdo con ellas o no.
El uso del lenguaje es un instrumento esencial para modificar e influir en la transformación de la cultura corporativa
“El management es una disciplina intensiva en relaciones humanas”, comenta Xavier Ferràs, profesor de Esade y decano asociado del programa Executive MBA de Esade, en un artículo de opinión publicado en el diario VIA empresa. “El directivo debe contribuir al desarrollo profesional y personal de su equipo. Debe entender qué los motiva, qué los emociona, qué los inspira, qué los preocupa y qué los bloquea”.
“Y es en esta dimensión, la del humanismo, cuando realmente un directivo, un manager, se convierte (o no) en líder”.
La gente no deja su trabajo, sino a los malos líderes
Un líder que fracasa puede afectar de forma catastrófica a toda la empresa. “La elección incorrecta de un directivo tiene graves consecuencias económicas, en la productividad, en la satisfacción de los empleados, en la reputación y en la cultura corporativa”, asegura Raya.
“Una de las principales motivaciones que impulsa a cambiar de trabajo es una mala relación con el superior. Por lo tanto, cuando una empresa elige a una persona inadecuada para una posición de liderazgo que no es capaz de hacer ajustes en su estilo en beneficio de su equipo, la autoridad de dicho líder se debilita”, añade. El empleado descontento se va, se difunde la mala reputación de la empresa, la cultura empresarial sale perjudicada, se socava la marca... las repercusiones son graves.
Un líder que fracasa puede afectar de forma catastrófica a toda la empresa
“Entre que te das cuenta del error, le das feedback y la oportunidad de reencaje, tomas la decisión final y empiezas de nuevo, pueden pasar un par de años”, advierte Raya. “Esta situación de estancamiento daña al equipo, a la dirección y a toda la empresa”.
Algunas habilidades son atemporales
Tal y como sucede con los programas de televisión y con el lenguaje, el liderazgo evoluciona. Un chiste que tal vez se consideraba gracioso en una sitcom de los años 50 podría ser extremadamente ofensivo hoy en día, y una actitud que podría haber hecho que un líder se sentase en el consejo de administración en los años 80, hoy podría ser motivo de un despido fulminante.
Pero algunas habilidades son atemporales. La honradez, la transparencia, la humildad, la buena disposición para aceptar el cambio y un verdadero respeto de las opiniones distintas nunca pasarán de moda.
“En Esade hemos elaborado un modelo de liderazgo propio de acuerdo con nuestra vocación humanística y misional”, indica Xavier Ferràs. “Un líder debe tener la competencia que le permita el ejercicio del liderazgo con éxito, la conciencia de sus fortalezas y debilidades así como de las amenazas y oportunidades del entorno, compasión por los problemas inherentes al ser humano y el deseo de lograr un auténtico cambio positivo”.
“Y difícilmente podremos avanzar hacia un futuro de prosperidad compartida sin líderes y organizaciones competentes, conscientes, compasivas y comprometidas. Vienen tiempos de grandes desafíos, y también de grandes oportunidades para los liderazgos”, concluye.
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