Un panel experto de Esade analizó el papel que desempeñan la iniciativa emprendedora y la inversión en tecnología sostenible junto a promotores de startups.

Equipo Do Better

¿Cuál es el papel de la inversión y la iniciativa empresarial en el futuro de las energías renovables y cómo podemos superar los conflictos en juego? Marc Miralles (director de sostenibilidad de Suma Capital), y los cofundadores y jefes de operaciones de Greentech, Alfredo Saenger (Electrogenos Ltd) y Alba Forns (Climatize) abordaron estos temas con Davide Rovera y Suzanne Jenkins, expertos en sostenibilidad de Esade, durante un panel en el 4YFN

Las dificultades para conseguir inversión

Forns inició el debate explicando por qué a las pequeñas startups les puede resultar difícil conseguir capital. Con sede en EEUU, la plataforma de inversión Climatize ha recaudado más de 2,3 millones de dólares para proyectos de menor tamaño en los que los clientes pueden participar realizando inversiones de tan solo 10 dólares EEUU. Los inversores son desde estudiantes universitarios a los que les preocupa el clima hasta jubilados que desean diversificar sus carteras de valores. 

“A los proyectos pequeños les cuesta mucho conseguir capital”, explica. “Los bancos prefieren contar con una cartera de 100 millones de dólares y ganar un porcentaje de ella en lugar de dedicarle tiempo a una operación que puede tener un valor de medio millón o de 5 millones de dólares. En Climatize damos a los proyectos más pequeños, muchos de los cuales están financiados con la colaboración del Departamento de Energía de EEUU, la oportunidad de recabar capital en condiciones muy flexibles”. 

La escasez de liquidez y el carácter de nicho de estas tecnologías implican que los inversores requieren muchas garantías

Por su parte Saenger, de la empresa Electrogenos, cuya actividad se centra en conseguir que el hidrógeno verde sea más eficiente y rentable, aportó el punto de vista de los productores. Según él, “la escasez de liquidez y el carácter de nicho de estas tecnologías implican que los inversores requieren muchas garantías, sobre todo cuando se trata de empresas de nueva creación”. 

Y añadió: “La buena noticia es que los inversores están comprometidos con las energías verdes, pero exigen que se realicen una gran cantidad de análisis y que se garantice la diligencia debida. Siempre he de invertir mucho en llevar a cabo validaciones muy detalladas de la tecnología antes de poder empezar a negociar”. 

Demostrar flexibilidad, pero también firmeza

Saenger explicó que otro problema al que se enfrenta es que las exigencias de los inversores son distintas. Los inversores mandan a sus propios asesores expertos, lo que supone una transferencia de la tecnología y, además, suelen querer opinar sobre el modelo de negocio.” 

“Los inversores tienen sus propias ideas sobre lo que hay que hacer, ya sea producir y vender nuestra tecnología, que nos convirtamos en productores de hidrógeno, o desarrollar un modelo de cofinanciación”, explicó. 

Los inversores mandan a sus propios asesores expertos, que suelen querer opinar sobre el modelo de negocio

Aunque se mostró de acuerdo en cuanto a que los inversores deben presionar a los fundadores de startups para que validen su tecnología, hizo hincapié en la importancia de poner límites. “Es necesario que los fundadores entiendan lo que están haciendo. Debe haber un equilibrio”. 

Las inversiones han de ser viables

Miralles, de Suma Capital, se refirió a la cuestión plantada por Saenger y opinó como inversor. Su empresa, con sede en Barcelona, gestiona inversiones sostenibles por un valor de 850 millones de euros aproximadamente. 

Miralles se mostró de acuerdo con Saenger: “Cuando analizamos los modelos y las oportunidades, debemos saber si el negocio va a ser rentable y va a permitir recuperar el capital invertido. Y esto incluye la viabilidad de la oportunidad, la escalabilidad, el posible interés para los inversores, el rendimiento que va a aportar y cuánto va a tardar en materializarse dicho rendimiento”. 

Otro aspecto a tener en cuenta por los gestores de fondos, añadió Miralles, es que los inversores públicos y privados, al tener prioridades particulares, también tienen distintos requisitos.  

Año tras año, la cantidad de fondos dedicados al impacto sostenible está creciendo a un ritmo de dos dígitos

Los inversores de patrimonio privado quieren invertir capital, conseguir un rendimiento y generar un impacto positivo y duradero”, afirmó. “Pero también tenemos inversores públicos, como el Fondo Europeo de Inversiones (FEI) o las instituciones regionales de inversión, que desean fomentar el impacto de la sostenibilidad en sus economías regionales”. 

Miralles destacó que, a pesar de las dificultades, el mercado sigue creciendo: “Año tras año, la cantidad de fondos dedicados al impacto sostenible está creciendo a un ritmo de dos dígitos, entre otras cosas porque los inversores experimentados piensan más allá de los rendimientos financieros a corto plazo y están aprovechando las oportunidades a largo plazo”. 

Competencia a escala mundial

Los participantes en el debate reconocieron que las diferencias nacionales por lo que se refiere a las actitudes y normativas pueden suponer un problema, pero Forns cree que es posible extraer lecciones de los distintos enfoques. 

En Europa, en donde tuvimos problemas con las normativas cuando entramos en el mercado, la situación ha cambiado, lo que nos ha permitido expandirnos más allá de las fronteras”, reconoció. “Y en EEUU, se está concediendo financiación pública a las empresas que necesitan crecer. A pesar de que ninguno de los dos planteamientos es, ni mucho menos, perfecto, ambas regiones están aprendiendo de la otra y progresando”. 

El problema de Europa es que, pese a tener la intención y los fondos, no dispone de la infraestructura

Saenger, como productor de tecnología, ofreció una visión alternativa: “Me parece que el problema de Europa es que, aunque tenemos la intención y los fondos, no disponemos de la infraestructura”, explicó. “El tema es que hay mucha burocracia así que, a menos que procedas del mundo académico y tengas un sueldo y un trabajo mientras te ocupas de estas solicitudes tan grandes y prolongadas, resulta muy difícil obtener dichos fondos, sobre todo para los emprendedores”. 

“Cada país es distinto y en cada uno de ellos es necesario conocer a mucha gente y trabajar mucho. Y no es algo que solo suceda en Estados Unidos. A la larga, cada mercado debería tener una misma normativa”. 

Para Miralles, esto plantea un interrogante. Apuntó que es positivo que haya normativas. “Lo entiendo desde su punto de vista”, afirmó. “Pero para mí, como inversor, no quiero perder mi dinero. Si empiezas en Estados Unidos, no tendrás mucho dinero público, pero tendrás menos normativas”. 

Más talento para para atraer inversiones

Según Forns, la respuesta es contar con una combinación de capital público y privado que apueste por desarrollar más talento

“Considero que es un poco problemático, porque es como la gallina y el huevo”, admitió. “Necesitamos contar con mucho talento, necesitamos que mucha gente se dirija a esas áreas que tienen más riesgo pero son muy rentables, porque así es como realmente conseguiríamos que se produzca un cambio positivo significativo. Pero también necesitamos conseguir financiación pública y capital privado para continuar, ya que sin capital no podemos llegar a alcanzar ese tipo de soluciones”. 

A lo que Miralles respondió: “Podemos resolverlo atrayendo emprendedores y capital, despertando el interés de los inversores por las soluciones ecológicas sostenibles. Seremos capaces de respaldar y fomentar dicha transición demostrando que aquí, en Europa, hay mucho talento”. 

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