Síndrome del impostor: Afrontando los límites a tu grandeza
Se trata de un fenómeno frecuente y muy humano sujeto a un importante sesgo de género: afecta un 18% más a las mujeres.
¿Has pensado alguna vez que no eres suficientemente bueno o que no estarás a la altura de las circunstancias ante un nuevo reto personal o profesional? Esta sesanción, especialmente habitual en el ámbito laboral, tiene nombre y es más común de lo que pensamos.
Qué es el síndrome del impostor
Quizás hayas sufrido en alguna situación el ‘síndrome del impostor’: una creencia limitante que te lleva a verte como no suficientemente bueno, aunque datos objetivos digan lo contrario.
Hace poco hablaba de esto con una buena amiga y fundadora de una consultora de éxito. Había realizado recientemente una importante fusión que demostraba su buena reputación externa y que coronaba una sólida trayectoria profesional. Sin embargo, me confesaba que en este nuevo e ilusionante entorno tenía miedo de no estar a la altura.
Hemos de evitar círculos viciosos que cronifiquen esta dinámica negativa
Esta sensación está, lamentablemente, bastante extendida entre la población. Sandi Mann ha investigado esto en su libro El síndrome del impostor. Según sus estudios, un 70% de personas se consideran farsantes en algún momento de su vida, entre ellos, actores y actrices de éxito como Tom Hanks o Michelle Pfeiffer.
Considerarse en algún momento por debajo de nuestra grandeza innata y nuestro potencial parece, por tanto, frecuente y muy humano. Nos toca, sin embargo, no desanimarnos, no hacernos pequeños, no entrar en círculos viciosos que cronifiquen esta dinámica negativa.
Características del síndrome del impostor
Comprender el síndrome del impostor, qué es y cómo detectarlo, pasa, en primer lugar, por reconocer sus manifestaciones más habituales. Entre las principales características del síndrome del impostor destacan las siguientes:
- La atribución de los éxitos propios a factores externos como la suerte o la ayuda ajena, en lugar de reconocerlos como fruto del propio esfuerzo y talento.
- El miedo persistente a ser 'descubierto' como incompetente, a pesar de contar con trayectorias sólidas y resultados contrastados.
- La dificultad para interiorizar los logros y aceptar el reconocimiento o los halagos del entorno.
- La tendencia a compararse constantemente con los demás, percibiendo a otros como más competentes o preparados.
- Un perfeccionismo exacerbado que lleva a postergar decisiones o proyectos por miedo a no estar suficientemente preparado.
La escala del síndrome del impostor de Clance
Una herramienta de referencia para identificar este fenómeno es la escala del síndrome del impostor de Clance (Clance Impostor Phenomenon Scale o CIPS), desarrollada por la psicóloga Pauline Rose Clance en 1978.
Este cuestionario de 20 ítems permite medir el grado en que una persona experimenta estos sentimientos de impostura, y orienta tanto el autoconocimiento como la posible intervención psicológica. Constituye hoy en día una referencia central en la investigación académica sobre el tema.
Causas del síndrome del impostor
Comprender las causas del síndrome del impostor es fundamental para poder abordarlas. Posiblemente, las claves siguen siendo ciertos sesgos educacionales históricos que deberíamos revisar.
Los niños fueron educados tradicionalmente en la competitividad, el éxito y la toma de riesgos.
A las niñas, en cambio, se las educaba para ser empáticas, cuidadosas, sutiles y discretas. Una humildad que es genuinamente positiva, pero puede convertirse en perjudicial cuando influye en que algunas mujeres no den valía a sus propios conocimientos y aptitudes, limitando sus opciones de asumir retos concretos.
Más allá del género, otros factores que contribuyen a su aparición incluyen entornos familiares altamente exigentes o comparativos, experiencias tempranas de fracaso no suficientemente elaboradas, y la exposición a contextos académicos o laborales muy competitivos donde el síndrome del impostor en el trabajo encuentra un terreno especialmente fértil.
Consecuencias del síndrome del impostor
Las consecuencias del síndrome del impostor pueden afectar de forma significativa tanto al bienestar personal como al desarrollo profesional. Entre los efectos más habituales se encuentran la inhibición a la hora de asumir nuevas responsabilidades, la renuncia a oportunidades de liderazgo o visibilidad, el aumento del estrés y la ansiedad, y el deterioro de la autoestima a medio y largo plazo.
En el ámbito laboral, el síndrome del impostor en el trabajo puede llevar a profesionales altamente cualificados a evitar presentarse a ascensos, tomar la palabra en reuniones o liderar proyectos de forma innecesaria. Reconocer estas consecuencias con claridad es ya el primer paso para revertirlas.
Un fenómeno con sesgo de género: el síndrome del impostor en mujeres
Tenemos que cuestionarnos si nuestro diálogo interno es saludable, objetivo y coherente. Debemos buscar si es preciso ayuda de personas que nos apoyen y nos ayuden a ganar claridad en momentos de incertidumbre y en esos días malos que todos tenemos.
Afrontar colectivamente este síndrome es además clave para avanzar en algo fundamental: una mayor igualdad en nuestra sociedad. Como dato preocupante y según las estadísticas sigue afectando hasta un 18% más a las mujeres. Michelle Obama y Angela Merkel son algunos de los ejemplos de mujeres exitosas que lo han sufrido.
El interesante libro El síndrome de la impostora: ¿Por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas?, de Elisabeth Cadoche y Anne De Montarlot, ahonda en las razones psicológicas de este fenómeno.
Tenemos que cuestionarnos si nuestro diálogo interno es saludable, objetivo y coherente
Posiblemente, las claves siguen siendo ciertos sesgos educacionales históricos que deberíamos revisar. Los niños fueron educados tradicionalmente en la competitividad, el éxito y la toma de riesgos. A las niñas, en cambio, se las educaba para ser empáticas, cuidadosas, sutiles y discretas. Una humildad que es genuinamente positiva, pero puede convertirse en perjudicial cuando influye en que algunas mujeres no den valía a sus propios conocimientos y aptitudes, limitando sus opciones de asumir retos concretos.
Brecha salarial de género: conceptos básicos para la igualdad. |
Cómo superar el síndrome del impostor
Es evidente que ganar una sana autoconfianza es un factor clave de una buena vida y debería ser prioritario en la educación a cualquier edad, en las familias y en el mundo profesional. Un “estado mental” que nos permitiría disfrutar más de la vida, brillar más, ser una mejor versión de nosotros mismos. Objetivos vitales ilusionantes para cualquier persona, más allá de su edad, género, creencias o estatus social.
Aprender a superar el síndrome del impostor requiere, en primer lugar, tomar conciencia de su existencia. Algunas estrategias eficaces pasan por llevar un registro activo de los propios logros, buscar el apoyo de mentores o grupos de referencia, practicar el diálogo interno positivo y, cuando sea necesario, acudir a acompañamiento psicológico profesional.
Hablar abiertamente de estas experiencias, como hacen figuras públicas como Michelle Obama o Tom Hanks, ayuda a normalizar un fenómeno que, lejos de ser una debilidad, es la señal de que alguien valora lo suficiente su trabajo como para querer hacerlo bien.
La "revolución de la autoconfianza" es uno de los retos sociales que tendremos que abordar en los próximos años. Así podremos navegar con más acierto y plenitud en un mundo crecientemente complejo y competitivo.
- Compartir en Twitter
- Compartir en Linked in
- Compartir en Facebook
- Compartir en Whatsapp Compartir en Whatsapp
- Compartir en e-Mail
¿Quieres recibir la newsletter de Do Better?
Suscríbite para recibir nuestro contenido destacado en tu bandeja de entrada..