Síndrome del impostor: Afrontando los límites a tu grandeza
Se trata de un fenómeno frecuente y muy humano sujeto a un importante sesgo de género: afecta un 18% más a las mujeres.
¿Has pensado alguna vez que no eres suficientemente bueno o que no estarás a la altura de las circunstancias ante un nuevo reto personal o profesional?
Qué es el síndrome del impostor
Quizás hayas sufrido en alguna situación el ‘síndrome del impostor’: una creencia limitante que te lleva a verte como no suficientemente bueno, aunque datos objetivos digan lo contrario.
Hace poco hablaba de esto con una buena amiga y fundadora de una consultora de éxito. Había realizado recientemente una importante fusión que demostraba su buena reputación externa y que coronaba una sólida trayectoria profesional. Sin embargo, me confesaba que en este nuevo e ilusionante entorno tenía miedo de no estar a la altura.
Hemos de evitar círculos viciosos que cronifiquen esta dinámica negativa
Esta sensación está, lamentablemente, bastante extendida entre la población. Sandi Mann ha investigado esto en su libro El síndrome del impostor. Según sus estudios, un 70% de personas se consideran farsantes en algún momento de su vida, entre ellos, actores y actrices de éxito como Tom Hanks o Michelle Pfeiffer.
Considerarse en algún momento por debajo de nuestra grandeza innata y nuestro potencial parece, por tanto, frecuente y muy humano. Nos toca, sin embargo, no desanimarnos, no hacernos pequeños, no entrar en círculos viciosos que cronifiquen esta dinámica negativa.
Un fenómeno con sesgo de género
Tenemos que cuestionarnos si nuestro diálogo interno es saludable, objetivo y coherente. Debemos buscar si es preciso ayuda de personas que nos apoyen y nos ayuden a ganar claridad en momentos de incertidumbre y en esos días malos que todos tenemos.
Afrontar colectivamente este síndrome es además clave para avanzar en algo fundamental: una mayor igualdad en nuestra sociedad. Como dato preocupante y según las estadísticas sigue afectando hasta un 18% más a las mujeres. Michelle Obama y Angela Merkel son algunos de los ejemplos de mujeres exitosas que lo han sufrido.
El interesante libro El síndrome de la impostora: ¿Por qué las mujeres siguen sin creer en ellas mismas?, de Elisabeth Cadoche y Anne De Montarlot, ahonda en las razones psicológicas de este fenómeno.
Tenemos que cuestionarnos si nuestro diálogo interno es saludable, objetivo y coherente
Posiblemente, las claves siguen siendo ciertos sesgos educacionales históricos que deberíamos revisar. Los niños fueron educados tradicionalmente en la competitividad, el éxito y la toma de riesgos. A las niñas, en cambio, se las educaba para ser empáticas, cuidadosas, sutiles y discretas. Una humildad que es genuinamente positiva, pero puede convertirse en perjudicial cuando influye en que algunas mujeres no den valía a sus propios conocimientos y aptitudes, limitando sus opciones de asumir retos concretos.
Construir la autoconfianza
Es evidente que ganar una sana autoconfianza es un factor clave de una buena vida y debería ser prioritario en la educación a cualquier edad, en las familias y en el mundo profesional. Un “estado mental” que nos permitiría disfrutar más de la vida, brillar más, ser una mejor versión de nosotros mismos. Objetivos vitales ilusionantes para cualquier persona, más allá de su edad, género, creencias o estatus social.
La “revolución de la autoconfianza” es otro más de los retos sociales que tendremos que abordar en los próximos años. Así podremos navegar con más acierto y plenitud en un mundo crecientemente complejo y competitivo.
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